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sábado, 31 de diciembre de 2022

Resumen de 2022

Se acaba 2022. Un año extraordinario en lo deportivo. Yo pensaba que 2020 y 2021 habían sido únicos, pero me equivoqué una vez más (de esas veces que da gusto equivocarte).

Empezamos en febrero, corriendo un año más el cross de mi universidad en mi formato preferido: ¿por qué no hacer un par de horas de bicicleta de carretera antes? Bueno, bonito y barato. Repetiremos en 2023.

Después vino el duatlón de media distancia del Jarama. Subcampeón de Madrid y rodeado de compañeros. Intentaremos repetir en 2023. Una semana después tocaba darlo todo en el campeonato de España (Soria), pero me lesioné entre semana y aunque no tenía sentido, tomé la salida... para abandonar enseguida. También intentaremos repetir en 2023, aunque será una semana antes en Híjar (Teruel). Eso sí, no creo que los torreznos que nos comimos puedan superarlos en la provincia aragonesa.

El segundo fin de semana de marzo hicimos la primera brevet del año, 200 km. Al lado de casa. Afortunadamente la lesión solo limitaba en la carrera a pie. Eso sí, y por esa razón, al día siguiente hice un trozo de media maratón de Alcalá y me fui para casa. Quince días después hicimos la segunda brevet del año, 300 km. Durísima, y no tanto por la distancia como por el viento a la ida. Hubo que celebrarlo, aunque fuera en un Burguer King.

El 14 de mayo nos fuimos un buen grupo del club a hacer el half de Pamplona. Sabía que lo había hecho al 100%, pero no fue hasta un buen rato después de llegar que supe que era subcampeón de España de mi categoría. No me lo creía: momentos así no tienen precio. Aunque siempre acabo pensando lo mismo: ¿y si nadara bien? Quince días después tocaba hacer el olímpico de Pareja y una semana después el half de Vitoria. Lógicamente todo ellos preparando el Ironman. Muy buenas sensaciones de nuevo, sobre todo corriendo.

El 26 de junio nos fuimos hasta Niza en un viaje épico. Ya lo he contado. El Ironman empezó mucho antes, como si el destino no quisiera que estuviera allí. Pero allí hice sonar la flauta lo mejor que sabía. Y sonó. Me acababa de buscar un problema, pero ahora me alegro de habernos metido en un lío así. Eso sí, antes de nada, una semanita después había que terminar una última brevet, de 600 km. Conocí gente fantástica. Pocos, pero muy bien avenidos. Y se hizo, objetivo cumplido, con lo que presumiblemente estaremos en la salida de la París-Brest-París en agosto de 2023.

El lío también lo he contado: 2 de octubre, maratón de Londres y 8 de octubre, Ironman de Hawai. Prepararlo fue una odisea, hacerlo fue un disparate, pero como casi todo lo que cuesta conseguir, valió la pena. Uno no trabaja y consigue puesto en la línea de salida de algo que incluya la palabra "World Championship" para no estar un ratito con los mejores. Por la prueba, por el resultado y por la fantástica compañía de José y familia.

Tras un descanso relativo volví este mes de diciembre a la actividad, con nuevos retos e ilusiones para 2023. Y ya el pasado 22 conseguimos algo inédito: mamá y papá (mi señora y el que escribe) subimos a los podios de nuestras categorías respectivas. Menudos garbanzos nos llevamos para casa. Pero sobre todo una vivencia inolvidable.

Y terminamos el año corriendo la Vallecana. No tengo claro en qué año corrí por primera vez allí, pero va camino ya de los 30 años. He buscado entre los papeles que guardo y aunque no he encontrado nada (pero recuerdo la invitación a cava de Solana) sobre aquella primera vez, sí he encontrado mi mejor registro en la Internacional (35:55, puesto 170). Ni me acordaba; realmente tengo mis dudas de que estuviera homologada por entonces, pero da igual: a pesar de los años, tengo el privilegio de seguir haciendo lo que me llena. Porque esta noche estaré allí. Y eso, no tiene precio.

Que 2023 os traiga todo lo que deseáis y merecéis.

domingo, 12 de septiembre de 2021

Maratón de Vilna

Cuanto tiempo sin escribir...

Dos años y medio después de correr la última maratón y casi por casualidad, el pasado 12 de septiembre me puse detrás de la línea de salida de la maratón de Vilna (Vilnius en inglés), capital de Lituania, en el cajón B para más señas. Y como el cajón B iba de 3:00 a 3:30, justito al final, porque era lo que me entraba en la cabeza: bajar de 3:30. Bien lo sabe un chaval muy majete de Barcelona que, al ver la banderita de España que llevo en la camiseta, se me acercó y con él estuve charlando hasta que se dio la salida.

La carrera tiene poca participación (creo que no llegábamos a 1.000 participantes). Supongo que en un país así la carrera a pie no será el deporte más popular. No hacia demasiado calor (creo que llegamos con 22 ó 23 grados), pero sí algo de humedad para mi gusto. Tampoco el recorrido esespecialmente llano (el reloj marcó 240 metros de desnivel). Y animación, escasísima, a años luz no ya de las grandes maratones internacionales, sino de Sevilla, Madrid o Valencia. Pero no me aburrí: hacia el kilómetro 15, esta vez un sevillano me llamó al ver la banderita y con este fui hasta el kilómetro 30 y tantos.

Seguramente las maratones mejor ejecutadas son las que se corren con regularidad. Y nunca había corrido una maratón de forma tan regular: solo unos 15 segundos más lento la segunda mitad que la primera. Puesto 88 en el km. 10, puesto 85 en el km. 21 (-3), puesto 82 en km. 30 (-3) y puesto 60 en la llegada (-22: modo cacería). Considerando la falta de un entrenamiento mínimamente adecuado, la razón no la sé, quizá haberme visto obligado a correr a un ritmo que me resulta tan asequible... Me lesioné en junio y estuve cerca de una semana sin poder andar, dejaba pasar unos días y al volver seguía igual, casi había decidido no participar; solo a principios de agosto puede empezar a trotar, pero entonces me caí (todavía tengo secuelas), luego una contractura en un isquio, un principio de tendinitis en el Aquiles izquierdo… a finales de agosto vi que por fin podía trotar suavemente y decidí que aún tenía tres semanas hasta el día 12… nada menos... sí, lo sé, estoy tarado.

Por eso, pensaba sinceramente que hacer un tiempo de 3:30 era un éxito. Hubiera firmado 3:20. Pero el caso que me sentí bien toda la carrera. Me alimenté bien y con regularidad, bebía poco, pero casi en cada puesto de avituallamiento, no apreté cuando hubiera podido hacerlo y me mantuve fiel al ritmo que consideraba idóneo para llegar entero. Encontrarme al chico de Sevilla fue un lujo porque también iba muy regular. Solo pasados los 30 km. empecé a notar que se quedaba detrás y me fui para adelante. Por calles prácticamente vacías. Hacia tiempo que no corría nada donde no veía nadie delante, de esas veces que te preguntas si cuando llegues al cruce estará indicado correctamente hacia qué lado debes ir. Sufrí de verdad solamente en las últimas bajadas empedradas del centro de la ciudad. La foto de la legada lo dice todo: estoy mirando a Bego, que me esperaba en 3 horas y media, no veinte minutos antes, diciéndole que yo también estoy absolutamente sorprendido.

Añado algo más: laa bolsa del corredor, inigualable: la mejor que he visto en mi vida. La organización, sencilla, pero notable (era campeonato nacional de Lituania). La animación, muy escasa (los grupos musicales de las grandes maratones se sustituían con un par de coches de RedBull y grandes altavoces 8-). Me parece recomendable si además se aprovecha para hacer turismo, como tantas otras.

A diferencia de otras veces, sé que no he hablado más que de lo deportivo, pero es que la de Vilna ha sido una maratón especial para mi. Bajar de 3:10 con lo poco que he podido prepararla, solo quiere decir lo que ya sé: que esta es mi distancia, mi querida distancia.

Y ahora, a pensar en la siguiente…

lunes, 15 de abril de 2019

Maratón de Boston

Imagino que me tengo que ir acostumbrando a que cada vez iré más despacio. Un pequeño desastre, pero no daré explicaciones al resultado obtenido, porque cualquier cosa que escriba sonara a excusa, algo que odio. Así que intentaré ser objetivo y hablar solo de la maratón misma y alguno cosa más. Y es lo justo  porque, en mi opinión, la de Boston es una maratón de 10. 

La previsión del tiempo era horrorosa desde una semana antes. Fue mejorando poco a poco, pero la lluvia no nos la quitaba nadie... Al final, no llovió durante, pero sí antes de la carrera. A cántaros. La gente se agolpaba en la salida del metro: mejor llegar tarde que ahogarte. En previsión de ello me había cubierto las zapatillas con celofán transparente del ancho y eso me permitió conservar los calcetines secos en los 20 minutos que pasé bajo una lluvia torrencial dejando la ropa y viajando hasta el autobús. Poco después de llegar a Hopkinton (la salida) dejó de llover. Dos enormes carpas, aunque me temo que insuficientes si hubiera llovido allí. Pasé algo de frío, pero nada más. Comida, bebida y aseos de sobra.

Paseito hasta mi cajón, a escuchar el himno... y pum. La maratón de Boston empieza bajando, pero es dura. Es cierto que el desnivel es favorable (por eso no puede ser récord del mundo, además de por la distancia que hay entre salida y llegada), pero es muy dura. Cuando terminas de subir las docenas de pendientes que hay y empiezas a bajar, ya ves delante la siguiente subida. Solo la Heartbreak Hill es algo más larga, pero la dureza no viene de una colina, sino de la suma. Si no me equivoco, ya es llegando a Boston cuando llanea. Y además hay que sumar el clima. Al final no es que lloviera, que casi lo hubiera preferido, es que el calor que hizo y la humedad que sabía que haría, fueron notables, por decirlo con elegancia. Mala suerte.

Pero el recorrido, además de agradable, está lleno de gente de principio a fin. Puede que no sean las hordas de Nueva York, pero es increíble. Hay un punto hacia la mitad del recorrido donde las jovencitas del instituto de al lado salen a animar en masa, ocupando trescientos o cuatrocientos metros... y te dejan sordo. Me sacaron la sonrisa más grande de toda la mañana. Gente animando sin parar a los de las sillas de ruedas, a los marines que hacen el recorrido con el traje militar, que se desgañitan en cuanto identifican tu camiseta como de tal o cual país, con cartelitos de ánimo de todo tipo. Millas y kilómetros bien señalizados. El agua, el Gatorade, los plátanos, todo colocado a derecha e izquierda y con regularidad japonesa. Ni un percance, ni una mala cara... de lujo.


Lástima no haberlo disfrutado más. Siempre he dicho que a la media maratón tienes que llegar fresco, casi preguntándote que cuando empieza la carrera; pero esta vez no me pregunté nada. Sabía que iba roto como nunca lo había estado (aunque pasara en 1:28 y pico) y que lo iba a pasar muy mal. Y así fue. Tuve que andar multitud de veces. No sé por qué me dolían las piernas así. Se me aceleraba el corazón yendo casi parado. A veces me faltaba el aire. Entrando a Boston crece la animación, pero jamás se me había hecho tan cuesta arriba un llano. Cada vez iba más y más despacio. Solo en el último kilómetro apreté un poco, por puro orgullo. Y entré justito por debajo de 3:18. Di todo lo que tenía, porque tenía claro que si había un objetivo irrenunciable era llegar. Punto. Cuando tenía lesiones con 40 años me preguntaba si tendría que dejar de correr maratones. Y aquí estamos, solo hace falta perspectiva para apreciar la suerte que tengo 8-).




Contaré dos cosas más. Dos de los mejores momentos del viaje, de los que lo hacen inolvidable. El primero fue la "Bendición de los Atletas". De camino al Centro de Convenciones para recoger el dorsal vimos que en una iglesia iba a comenzar un acto religioso para bendecir a los atletas. En Youtube se puede ver el de 2018. Una iglesia preciosa, un coro de niños, un coro de mayores, hasta un gaitero, y un órgano para acompañarles a todos. Emotivo, sincero, hermoso, inolvidable. Al final, la pastora (de los varios que intervinieron) preguntó cuántos corríamos por primera vez, luego por segunda o tercera, hasta diez, luego hasta veinte, treinta, cuarenta y finalmente más de cuarenta. Tres personas se levantaron. Les preguntó la cifra: el primero dijo que había corrido Boston 41 veces, el segundo dijo que 48 veces, aquello se vino abajo de aplausos y el tercero se vio obligado a decir "only forty two" 8-). El récord lo tiene un señor con 58 maratones de Boston terminadas. Sin palabras.


Y por último, aunque no tenga que ver con el maratón, contaré que asistí al Boston Garden para ver el segundo partido de los playoff de los Celtics contra los Pacers. Ver un partido en directo de la NBA era un sueño que tenía desde joven. Tenía miedo de que solo estuviera bien, pero fue el mejor partido de baloncesto que he visto en mi vida: los americanos son los reyes del espectáculo. Ya no me quedan ganas de ir a ver partidos de baloncesto, creo que nada va a ser igual ya 8-). Inolvidable una vez más. Casi tres horas de disfrutar como un niño de cinco años, como el niño negrito que tenía delante, que no paraba de bailar y gritar "Defense, defense" y "let's go Celtics", además de festejar cada canasta. Asistía al encuentro también nada menos que Larry Bird, así que pude ver a la leyenda, aunque fuera al otro lado de la cancha.


Y vuelta al presente: el tanteo es 4-2; es decir, solo quedan Tokio y Londres... si es que no meten Seúl o alguna ciudad de Suráfrica, como he leído ya por ahí. Que tampoco me va a importar mucho 8-).

domingo, 16 de septiembre de 2018

Maratón de Berlín


Fue hace poco menos de un año que decidí correr la maratón de Berlín. Entre las formas de inscripción está la de batir una cierta marca, y así lo hice. No sé si conseguir plaza sin esa marca es complicado o no, pero allí había 44.000 personas. Nunca he corrido una maratón en septiembre y decidí que de ninguna manera iba a afectar a las vacaciones familiares, así que el entrenamiento se limitó a mantener cierta forma tras el Ironman de Frankfurt. Entrenamiento de calidad: cero (más exactamente: cero absoluto).

La inscripción para Berlín no es barata si comparas con otras maratones más cercanas, pero es barata si la comparas con las maratones de Nueva York, Chicago o Boston. Aunque, eso sí, si quieres una camiseta de finisher, te la compras. Y si no tienes chip, 6 euros por el alquiler. Y tienes que optar por guardarropas a la llegada o poncho, ambas o no. En fin, que las chuches te las pagas tú.

La pulserita
La feria del corredor, donde recoges dorsal e imperdibles (que no se respire pobreza) y la pulserita, está en el antiguo aeropuerto de Tempelhof, cerrado en 2008 porque no pueden aterrizar aviones grandes y al ser tan “urbano”, no puede crecer. La feria, como todas, salvo por el pedazo BMW que se supone que abría carrera. Compré geles (que se me habían olvidado en casa) y me hice con un cartel de recuerdo. No me queda claro por qué me revisaron la mochila al salir ¿no debería ser al entrar? Quizá era por si había robado las llaves del BMW. En fin, cosas de alemanes. Como el transporte público funciona de lujo, el mismo billete (familiar) para venirte del aeropuerto te vale para moverte por todo Berlín y volver al hotel. Igual de cómodo que aquí.

6:00 AM. Arriba. He dormido bien y me encuentro bien. Desayuno, visitas a Roca las veces que haga falta, revisar todo con cuidado y una vez que estamos listos, toda la familia hacia el Tiergarten. No sé si alguna vez he tenido menos nervios en una carrera, probablemente porque no siento ni la menor presión. Las piernas están para poco más que acabar, así que la estrategia es trivial: salir a un ritmo cómodo hasta que deje de serlo, y en ese momento, seguir a ese ritmo incómodo hasta que cruces la meta.

La salida...
Ya en mi cajón (C), se me acerca un chaval con camiseta roja de un equipo riojano y me dice: “Hola, yo conozco a Abi”: qué pequeño es el mundo. Después de saludarnos, me empieza a comentar sus tiempos y sus expectativas… y me recuerda a mí mismo hace muchos años. No le cuento que yo no he hecho ni una serie, que entreno muchas veces sin reloj, que estoy allí por puro placer y que llevo el reloj porque he quedado con mi familia en el punto de encuentro a una cierta hora. Lo mejor es que nos distraemos charlando hasta que presentan a los tres hombres y mujeres favoritos. Como en Nueva York, impresiona estar tan cerca de los mejores, alucinante saber tres horas después que nunca antes había estado tan cerca de un récord mundial. Enseguida comienza a sonar música celestial (creo que de Jean Michael Jarre), mientras el speaker dice “sixty seconds... thirty seconds”, la piel de gallina una vez más y… ¡pum!

Km. 19: animación de lujo
No he descansado bien durante meses. Es toda la explicación que puedo dar para explicar el estado de mis piernas y el resultado posterior, pero ya es tarde para llorar. Me dejo llevar y los kilómetros empiezan a caer según lo planeado, más o menos a 4:10. Las piernas se quejan desde el primer kilómetro, pero eso es todo: la cabeza manda, es de lo que estoy orgulloso: nunca falla. El ambiente es fantástico, la temperatura es buena (algo más de fresquito no me hubiera importado), no hay sufrimiento relevante. Hacia el km. 14 veo un negrito caminando (luego supe que era una de las liebres, que ya había explotado). Sigo cómodo (si sentir las piernas como las siento es estar cómodo 8-). Pero cruzo la media en 1:28:30 y aunque sé que queda lo bueno (digo, lo malo) empiezo a fantasear con que podría bajar de 3 horas, dado que sigue sin costarme apenas seguir el ritmo que llevo. 

Km. 32: cariñitos a la familia
Pero no. En el km. 25 se materializa "la maldición de mi tía Paca". Hace unos años nos encontramos en un velatorio, le dije que estaba muy bien y que hacía mucho deporte. Y me dijo que aprovechara porque cuando llegara a los 53 años, entonces me iba a enterar. Silencio absoluto… Maldita sea ¿sería verdad? Era verdad: uno de los músculos isquiotibiales que yo tengo en la pierna derecha (o todos, no sé) se empezaron a contraer sin remedio. Bromas aparte: ya había pasado por ello en Castellón en 2010. Si seguía trotando y medio cojeando la molestia solo era molestia, pero si apretaba, aquello subía de intensidad… y me iba a pasar lo que en Castellón. En el km. 31 me paro en un puesto médico para pedir ayuda (o sea, help). Desgraciadamente di con el único médico alemán que no habla inglés y que no entiende la palabra “contracture” ni siquiera “contraction in this muscle” (ya hablando como los indios) mientras le señalo el músculo con los dedos. En fin, se me ocurre decirle que si tenía Réflex (que ahora sospecho que es una marca española), con el mismo resultado: el tío empeñado en darme vendas, tres o cuatro veces. Total, que le doy las gracias y a seguir padeciendo. Supongo que al verme ir pensaría “pues no estabas tan mal si te vas sin las vendas”.

Avituallamientos cada 4 kilómetros o menos. Muy bien, menos la alfombra de vasos de plástico (somos muy guarros): no quiero pensar cómo queda el suelo cuando pasa el último. Muchísima gente y animando bien, pero eso sí: hay algo que es muy mejorable en la maratón de Berlín es la animación musical. En Nueva York solo había grupos de rock y alguno de góspel, pero con alegría, leches. Aquí es deprimente: jazz, cantautores tipo Lluis Llach, cantos regionales, bandas de barrio tristes, música clásica, pop… y alguna de rock o de percusión. Mira que me gusta casi cualquier tipo de música, pero para correr, poco más que rock… y cuanto más duro mejor.

Acabo. Me pasa mucha gente, como era lógico. Me alcanza el globo de las 3 horas. Así que ya solo queda arrastrarme. Como la pierna derecha no puede trabajar al 100%, la izquierda se come el trabajo (menos mal que no me lesioné). Es ahora, viendo las fotos del final cuando veo cómo me ha cambiado la cara. Pero el cielo está cerca: cruzar por debajo de la Puerta de Brandenburgo, a unos 300 metros de la meta, es un momento precioso si piensas en lo que representa esa puerta; sigo (pensando que al menos estoy haciendo el mismo tiempo de mi primera maratón) y cuando quedan 100 metros lo oigo: “Two hours, one minute, thirty nine seconds”. El italiano de al lado me mira con los ojos abiertos y yo asiento con la cabeza: “sí, lo que crees que has oído es lo que has oído”. 

Antes de acabar, mi opinión sobre ese récord del mundo, visto que es fácil encontrar comentarios de gente hablando de doping. Soy naturalmente confiado, creo que los deportistas no son tramposos y que todo el mundo merece credibilidad, a priori. En la foto se ve un recorte del diario AS con las predicciones de la revista Track and Field para el año 2000. Es de 1984 y me dio por guardarlo entonces a ver… El récord en maratón estaba entonces en 2:08:13 y para 2000 pronosticaba 2:04:20. Y creo que no se consiguió hasta bien después. No es fácil, pero los límites deportivos son para romperlos, y se rompen. Lo pongo solo por dar perspectiva.

El problema es que lo ha conseguido como Usain Bolt consiguió el 9’58 en los 100 metros, como alguien que está por encima de los mortales. Pero es que este señor siempre ha sido un crack (no es alguien del montón que de repente despega). De niño trabajaba como cabrero, y como a tantos keniatas, le tocaba ir al colegio y volver corriendo. He leído que es muy metódico en sus entrenamientos y además tiene la edad perfecta. Y luego está Berlín, el reino de los récords mundiales, por lo que sea (aunque yo casi he hecho la peor marca de mi vida 8-). Si encima añades buenas liebres a la coctelera, yo me creo el récord. Es mi opinión.

Termino: Nueva York, 10; Berlín, 9; Chicago, 7.

domingo, 27 de noviembre de 2016

Maratón de Florencia

Hay viajes en los que todo sale según lo esperado. Y otro tanto sucede con las carreras. Y afortunadamente hay veces que suceden las dos cosas, como ha sido el caso de Florencia y su maratón. El viaje, la meteorología, el hotel, las comidas, las colas de los museos… todo.


¿Qué voy a contar de Florencia yo que no sepa todo el mundo? Nada, un placer en todos los sentidos (ahora estoy pensando en los helados). Y encima es temporada baja, así que solo éramos miles de turistas: supongo que en temporada alta se multiplicará por cinco. Por eso solo hablaré de su maratón. Si no quieres seguir leyendo, resumo: aceptable, vale la pena (un siete de nota, venga).

Salida
Empecemos mucho antes de tomar la salida: con la inscripción. El precio es normal. No lo recuerdo y va por tramos, pero del orden del precio de cualquier maratón española. Ahora bien, en Italia o estás federado (y supongo que has pasado ciertas pruebas) o tienes que enviar un certificado de aptitud para la práctica de la carrera de fondo. Yo lo envié en español e inglés. Es necesario hacerse una prueba de esfuerzo. A nadie se le escapa que es buena idea hacérsela, pero tiene un coste, y como en España no se exige, a alguno le parecerá mal. Es lo que hay.

La feria del corredor: básica. La verdad es que las últimas a las que he ido eran bastante más espectaculares. No me estoy refiriendo a Nueva York o Chicago: Valencia o Sevilla tienen ese ambiente que se requiere el día antes de hacer una prueba tan seria como es un maratón. Lo de Florencia era un espacio muy reducido, un pasillo de stands realmente, que te veías obligado a recorrer hasta el final para obtener tu bolsa del corredor. Mucha propaganda de maratones europeas (e incluso nacionales: Ibiza, por ejemplo): el negocio prospera.

Km. 37
Respecto al recorrido, según lo esperado. Es mucha distancia, así que te sacan del centro histórico para acumular kilómetros por barrios, zonas deportivas, parques, qué sé yo, pero no puede ser de otra forma. Es una carrera muy llana, y lo único a reseñar es que en algunos puntos el suelo es peligroso. La animación, muy escasa en mi opinión. Eso sí, la salida y la llegada, parece que por primera vez ambas (por fortuna para mi) estuvieron en el mismo centro de Florencia, junto al Baptisterio y el Duomo, lo que sin duda es un enorme acierto y, además en mi caso, un lujazo: no sé si alguna vez he tenido salida y llegada a 300 metros de “casa” (hotel).

¿Y mi carrera? Muy satisfecho (nota: nueve). La salida estaba bien organizada, unas 8.000 personas, así que pude correr desde muy pronto. A los cinco kilómetros sudábamos ya de lo lindo, a pesar de la excelente (baja) temperatura y que el ritmo era el razonable: la humedad, bastante humedad. Había bebida con sales cada cinco kilómetros, así que no quedaba otra que beber sin sed. El resto de avituallamientos, intercalados con los anteriores, eran de esponjas.

Conforme a mis expectativas, pasé la media maratón (poco después del Palazzo Pitti) algo más deprisa de lo previsto: 1:24:34. El problema fue que empecé a notar contraerse algún músculo de los que tenemos en las piernas, creo que es el isquiotibial, pero como me temo que el día que explicaron los músculos no debí ir a clase, así que no me los sé y tampoco me paré a mirar. Eso sí, reduje el ritmo, no quería que pasara lo de Castellón. Tomé más sales y a partir del 25 volví a recuperar. Se ve perfectamente en la tablita.

Llegada
A partir de ahí, la historia de siempre: el muro. Empezó hacia el 35 y duró hasta el 41. Pero aún así no dejé de pasar gente hasta el final. Esta vez fue más murete que muro. Y un muro rodeado de belleza e historia, de buenas sensaciones, de experiencia, de alegría por el reto conseguido. Como siempre, Bego ayudándome a lo largo de toda la carrera. Y, sobre todo, bombeando en mi cabeza la motivación necesaria para no aflojar hasta los metros finales. Cerré los ojos para vivir el momento y el fotógrafo lo pilló.

Una ciudad y un maratón para recordar con verdadero orgullo y cariño.

Va por ti, Dani

En unas de las ciudades más encantadoras de las que he conocido, Florencia, tenía intención de conseguir marca para Berlín. Hasta el 14 de noviembre tenía mis dudas y miedos, como siempre… y más tratándose de una maratón, la decimoquinta creo. Supongo que todos buscamos la motivación constantemente, y es obvio que la encuentra uno a veces donde menos la espera. Desgraciadamente, un puede puede encontrarla donde nadie querría hacerlo. Y ese maldito lunes supimos que una gran persona nos había dejado para siempre; por eso desaparecieron los miedos, supe que iba a conseguir el objetivo, que era obligatorio conseguirlo.

Porque Dani era lo que todos llamaríamos un cielo, un encanto... De esas pocas personas que se esconden cuando tú triunfas para no quitarte protagonismo, pero que los tienes a tu lado si las cosas no van bien y los demás ya no aparecen. Y da rabia, muchísima rabia, que las cosas funcionen así, que se vaya la buena gente de esta forma. Y como no podía hacer mucho más por él que correr y escribir esto en su memoria, eso lo que he hecho en Florencia hoy y aquí lo cuento ahora.

Nunca olvidaré aquella tarde en Pareja donde todos teníamos que llevar algo para compartir y él llevo, qué se yo, media docena de barras de pan, media docena de botellas de refresco, dos empanadas... si nos descuidamos nos da de comer a todo el equipo.

Nunca olvidaré aquel triatlón de Pálmaces que terminó como un grande a pesar de que su envergadura no era la óptima para una prueba tan dura, cómo me sonreía cada vez que me cruzaba con él, o la sorpresa al finalizar la prueba, una vez más, cuando apareció con no sé cuántos litros de cerveza para celebrarlo, ni la conversación que tuvimos en el viaje de vuelta.

Nunca olvidaré cuando me bautizó empezando a llamarme Don Manuel, la única persona que sé que lo decía desde el más profundo respeto. Ahora, cada vez que me lo llamen, me parecerá bien, aunque muchos no sepan por qué me tratan de Don.

Nunca olvidaré cómo nos reímos en aquel triatlón en que nos fueron a poner el número en el brazo y a él no le encontraban sitio entre tanto tatuaje.

Nunca olvidaré cómo trataba a mi padre (y a todos, cualquier que le conociera lo sabe) cada vez que le llevábamos el coche para revisarlo o arreglarlo. Incluso para que mi padre no tuviera que molestarse se ofrecía a llevármelo a casa… Cuando volvía a casa, mi padre me recordaba cómo le había tratado.

Y tantas otras hermosas anécdotas vividas por todos sus compañeros con él en solo tres años, tres años que no deberían haber terminado.

Pero hay una última anécdota que recuerdo especialmente: propuse quedar para trotar por nuestros Cerros, él pensaba que vendría más gente, así que me dijo: Don Manuel, lo siento, Usted querrá ir más deprisa que lo que yo puedo ir. No sé qué le dije exactamente, pero por supuesto que no le hice mucho caso, así que trotamos aquel domingo durante hora y pico, a su ritmo, disfrutando. No recuerdo la conversación, la verdad, pero este domingo llegó el momento de devolverle unas migajas de su generosidad, su educación y su constante preocupación por todos. Tenía que correr mucho, en el límite de lo que puedo dar ya, pero no dudaba de poder hacerlo y lo hice. Fue fácil, porque bastaba dejarse llevar hasta el 25, apretar los dientes hasta el 38  y sacar toda mi rabia hasta la meta, la rabia que da no poder volver a ver la sonrisa de una persona única nunca más.

Hasta siempre, compañero. Aunque te parezca imposible, cruzaste la línea de meta de la maratón de Florencia e hiciste un buen tiempo. Te lo digo yo, que te llevaba y te llevaré siempre en mi recuerdo, como lo harán todos tus compañeros.

domingo, 11 de octubre de 2015

Maratón de Chicago

Acabo de ver en la tele una entrevista a Pau Gasol donde, además de demostrar una vez más su calidad humana (de la deportiva qué vamos a decir), decía que le encantaba vivir en Chicago. En estos últimos días precisamente, tras este viaje a Chicago, he comentado con los conocidos algo parecido: Nueva York es un gran parque temático, pero Chicago es una señora ciudad., un sitio mucho mejor para vivir. Imagino que las temperaturas a lo largo del año no lo pondrán fácil, pero dónde va a parar la elegancia de Chicago frente a la exageración de Nueva York.

En la Feria del Corredor
Eso sí, la maratón de Nueva York no tiene igual. Como mínimo puedo afirmar que Chicago no está a su altura. La razón es la gente, no tengo ninguna duda. Es cierto que las dos están perfectamente organizadas (si aquí tenemos que vigilar la entrada a un recinto de cuarenta y pico mil personas, o empezamos una semana antes o se nos muere alguien). La feria del corredor, por ejemplo, ocho veces las de aquí. Y durante la carrera todo perfecto, ni una pega. Pero la verdad es que la animación de Nueva York no tiene parangón. Cada vez que pienso en la entrada en la Primera Avenida, en 2011, se me pone la carne de gallina.

Simplemente es eso: la cantidad de gente. La gente anima igual, pero no hay tanta, digan lo que digan los organizadores. Porque los que hay aprecian igual el esfuerzo, los carteles de la gente, los ánimos indiscriminados, el reconocimiento. Pero es que son menos. Volviendo al hotel, como en Nueva York, me felicitaron varias veces. Pero esta vez no nos fuimos directos al aeropuerto, y pudimos comprobar el orgullo que sienten los que terminan porque al día siguiente, e incluso días después, la cantidad de gente que llevaba colgando su medallita era increíble. Aquí la llevas al día siguiente y te tachan de imbécil. A mí, como buen español, ni se me pasó por la cabeza…

Esta vez tenía el hotel a 20 minutos de camino de la salida. Como en Nueva York, me tocaba el corral A. Delante, la élite y un montón de buenos corredores buscando calificarse para los trials olímpicos de maratón. Una señora canta el himno americano y todos calladitos, como debe ser, y los americanos con el puño en el pecho (envidia que me dan, qué se le va a hacer, aquí preferimos romper el país). No pude evitar acordarme de Sinatra (de su voz, me refiero). Pum. A correr.

Muerto no, lo siguiente
De mi carrera no hay mucho que contar. La verdad es que consideraba asequible hacer 2:54. Pero me sentía bien y decidí arriesgar. Algo debió influir la euforia de ver la hazaña de Rober en Kona. Y eso no es buena idea nunca. Fui muy bien hasta el km. 20. No iba forzando, pero a partir del 21, decidí que era imposible seguir a ese ritmo y, casi sin quererlo, empecé a reducir la velocidad. La foto está tomada por mi niña, a medio kilómetro de la llegada. Muerto no, lo siguiente... El recibimiento, con centenares de voluntarios aplaudiendo y dándote la enhorabuena es un gran momento, a pesar de no sentir las piernas. Pero allí no dejan  para a nadie, quedan muchos miles de corredores por entrar aún y merecen su espacio.

La verdad es que me hacía muchísima ilusión entrar entre los cinco primeros de mi grupo de edad. Leí que dan un trofeo con tu nombre grabado. Hacía falta bajar de 2:50 y a mitad de camino estaba en 2:48, pero si sigo intentándolo unos kilómetros más hubiera sido peor: quedaba demasiado. Como dicen los chavales, una petada en toda regla. Sin duda me faltaba fondo. Creo que se me olvidó que no se le puede perder el respeto nunca a un maratón. De todos modos, puesto 11 de 1906 es para estar orgulloso y lo estoy (y por eso lo escribo).

Paseito en bici por la orilla del Lago Michigan
El resto de la semana lo pasamos disfrutando de, como decía, una ciudad elegante. Hizo un tiempo excelente, ideal. El río, el lago, los puentes, el metro elevado, sus iconos, los rascacielos y sus miradores de vértigo, los museos, los grandes almacenes, su pizza supergruesa, las limusinas, algún paseito en bici… Hubiera estado bien ver algún partido en vivo de los Bulls o de los Cubs (los seguidores estaban eufóricos, hacía no sé cuánto que no ganaban y este año van muy bien clasificados) o mejor de los Bears, que el fútbol americano es espectacular de verdad, pero no nos animamos.

Ahora toca decidir cuál es la siguiente major.

domingo, 16 de noviembre de 2014

XXXIV Maratón de Valencia

Enjoy the adoration. You've earned it

Primera maratón: MAPOMA (1996)
Últimamente me viene la inspiración para escribir cuando menos lo espero. Ayer, una vez desayunado, me había subido a la habitación del hotel para hacer tiempo hasta la hora de salir para la cita con los compañeros del club, y me di cuenta de que empezaba a no tener claro cuántos maratones había corrido. Siendo este un problema casi ridículo, comparado con el de Dennis (que entendí la noche anterior que llevaba 121) y el del individuo que presentaron por megafonía que iba a tomar la salida con nosotros (que dijeron que llevaba mil y pico), decidí hacer un poco de memoria, algo de arqueología y dejar registro de todo ello. Y se me ocurrió que estaría bien dejar escrito el recuerdo más relevante que tengo de cada maratón. Para mis nietos, supongo. Salen once y media, por ahora…

  1. XIX Maratón Popular de Madrid (1996). Aunque tengo muchos y buenos recuerdos, quizá el mejor es que, aunque me había convencido de que correría una sola maratón, estando tumbados recuperando en el césped, un corredor veterano me dijo “tanto sufrimiento, y al año que viene estaremos aquí otro vez”. Y yo le respondí: “yo, seguro”.
  2. XX Maratón Popular de Madrid (1997). Tenía que bajar de 3 horas ¿cómo no? Uno de los recuerdos más perennes es el aviso de Juan Ignacio diciéndome que tuviera cuidado con mi segundo maratón: habiendo hecho el primero con miedo, era muy normal perderle al respecto a la prueba en el segundo. Diana: bajé de 3 horas por primera vez en mi vida, pero aprendí la lección.
  3. XXI Maratón Popular de Madrid (1998). No sé si entrené más o mejor, no recuerdo si estaba especialmente motivado. Bajé de 2h50’, pero cuando terminé, lo único que quería era llegar a casa para hacerme una foto con mi pequeño, que para entonces ya tenía nada más y nada menos que 11 días.
  4. XXI Maratón Popular de Madrid (1999). El recuerdo no puede ser otro: una semana trabajando 12 horas diarias para entregar una oferta a Retevisión por cerca de 3.000 millones de pesetas (sí, no sobran ceros). El sábado no fue suficiente para recuperar tanto estrés, y me planté en la salida tras toda una noche vomitando, sabiendo que no terminaría. Supongo que no es correcto contarla como una maratón entera.
  5. Galarleiz (1999). Si tenía la forma ¿por qué desaprovecharla? Es la única maratón de montaña que he corrido, y la más bonita con diferencia. Aquellos 3h35’ me supieron a récord del mundo. El mejor recuerdo es que me llevó y me devolvió a casa el bueno de mi suegro.
  6. XVI Maratón de Sevilla (2000). La verdad es que, siendo mi marca personal en maratón, no guardo los mejores recuerdos de esta prueba. Un ejemplo: la soledad inmensa de los kilómetros que recorrían La Cartuja hasta el estadio, inmenso también, pero prácticamente vacío. Y la convicción de que había desperdiciado el mejor estado de forma de mi vida por culpa del trabajo.
  7. X Maratón de Ciudad Real (2005). De la única maratón en la que recuerdo haber andado porque no podía más, en la que esperaba volver a hacer una buena marca y no logré bajar de 3 horas, me quedó un recuerdo del que me siento orgulloso: estábamos en el AVE volviendo a casa y le dije a Bego: “no importa, al año que viene nos vamos a San Sebastián”.
  8. XXIX Maratón de San Sebastián (2006). La segunda mejor marca de mi vida, una gran carrera. Recuerdo impresionado los enormes grupos de corredores para bajar de 3 horas, 3h15, 3h30…
  9. I Maratón de Castellón (2010). A veces pienso que es de maratones como esta de las que deberíamos sentirnos más orgullosos. A pesar de las expectativas frustradas por la lesión, me quedo con el paso por la Plaza de la Paz, con aquellos 200 metros rodeados de gente generosa que no querían que pararas.
  10. New York City Marathon (2011). Podría parecer difícil encontrar un recuerdo especial en una experiencia tan inolvidable como es correr la mejor maratón del mundo, pero tengo uno muy claro: nada más llegar, pensé que volvería a correr la NYCM, pero esta vez lo haría con Bego, porque algo así hay que compartirlo al 100%. Y lo sigo pensando.
  11. XXX Maratón de Sevilla (2014). Nuevamente Sevilla se me volvió a dar especialmente bien. Está relativamente reciente, pero tengo un recuerdo que no creo que olvide: el suelo de un fantástico estadio de atletismo… destrozado, toda una metáfora del cariño de este país por todo lo que no es fútbol.
  12. XXXIV Maratón de Valencia (2014, ayer). No me puedo quejar. Sigo bajando de tres horas con cierta holgura y eso me satisface, aunque cada vez me cuesta más.
Última maratón por ahora: Valencia (2014)
Me hace muy feliz saber que en todos estos momentos tan importantes siempre he tenido al lado a la misma persona. Gracias, txiki.

Solo me queda, aunque solo sea por el título que le he dado al post, hacer unos cuantos comentarios sobre este último maratón:

  • Es muy agradable comprobar que en España empezamos a organizar maratones de una cierta calidad. Me gustó mucho lo que vi. Todo: la recogida de dorsales, la información al corredor, la camiseta, el escenario, la salida, los avituallamientos, la señalización, la animación de los grupos, el pasillo de llegada, las mandarinas, los pomelos, los masajes y, en general, el trato recibido.
  • Momentos inolvidables de ayer: el adelantamiento a una corredora ciega en el kilómetro 20 (para reflexionar cuando uno se cabrea porque algo no le funciona), espectadores ayudando a un corredor en silla de ruedas (creo que se le había salido la cadena) y especialmente los gritos de “vamos, Manu” durante los kilómetros finales (algo impensable hace 10 años).
  • Ah, lo olvidaba: ya tenemos pasaporte para Chicago 2015. 

jueves, 6 de noviembre de 2014

Yo solo corro lo que corro

Cuando era un chaval tuve que leerme el Discurso del Método. Como no teníamos Internet, me lo leí entero. Decía Descartes aquello de "Yo solo sé que no sé nada", como punto de partida para demostrar la existencia del ser humano (o algo así). Viene esto a cuento porque aunque me gusta hablar, no me gusta hablar de lo que no sé. Justo lo contrario de mucha gente, me parece a mi. Por eso, parafraseando al universal filósofo gabacho, yo diré que "Yo solo corro lo que corro", que es mi forma de decir que cuando hablo de correr, cuento mi experiencia personal, y me hace gracia la cantidad de gente que habla sin saber de qué habla. Por si no queda claro, aconsejo al lector que mis opiniones las coja con pinzas y haga con ellas lo que le venga en gusto y que construya las suyas, basadas en su propia experiencia.

GRUTEAR 2014
¿A qué viene este preámbulo? Pues a que voy a dejar por escrito para siempre (mejor dicho, hasta que Google lo borre) de qué tres formas estimo mi ritmo antes de una maratón. Y a que es importante tener muy claro que lo que digan estos tres métodos son estimaciones, y que no deberíamos darle más credibilidad que lo que nos dicen nuestra experiencia personal y nuestras propias sensaciones. 

Eso sí, antes de ponerse a echar cuentas, uno debe decidir si conocer esa cifra compuesta por minutos y segundos precisos es relevante o no. Y yo creo que sí: hace años que pienso que el éxito de un maratón reside en encontrar el ritmo exacto: si vas más deprisa, revientas; si vas más despacio, has perdido una oportunidad. Pero también pienso que es del género bobo plantearse marcas en la primera maratón que uno corre: el objetivo es (debería ser) otro y es (debería ser) obvio cuál es ese objetivo.

El doble más diez

La fórmula de estimación más simple consiste en multiplicar el tiempo de una media maratón corrida unas semanas antes en condiciones similares a las del maratón (se entiende que descansado, perfil parecido, humedad parecida, etc.). Multiplicamos el tiempo por dos y le sumamos diez minutos. Fácil. Hay quien pone en duda su validez (un campeón de España de maratón, por cierto). Claro, hombre, faltaría más: yo también lo pongo en duda. Es una aproximación, pero cuando no estás en la élite mundial, una aproximación así es suficiente. Recuerda:

Tiempo estimado de maratón = 2 * Tiempo de medida maratón más 10 minutos

El test de Serrano

Este test no tiene nada que ver con el tiempo que tardas en zamparte una cantidad definida de jamón ibérico. Ya me gustaría. Fue diseñado por Antonio Serrano y tiene base empírica. Muy resumidamente, consiste en correr un 6.000 al ritmo que un cree razonable, descansar minuto y medio y volver a correr 6.000 metros, pero esta vez a tope. Habrá una diferencia de ritmo medio entre los dos seismiles, el cual, a partir de las tablas que acompañan al test, orientan si tu marca previsible es demasiado optimista (más vale que vayas más despacio), correcta o demasiado pesimista (deberías ir a un ritmo superior).

A mi me ha dado todo tipo de resultados, por lo general acertados. Me ha avisado de que iba mal... e iba mal y de que iba bien... e iba bien. Pero creo que solo funciona si haces la prueba descansado y con rigor, circunstancias que no acompañan mi vida deportiva últimamente. Así que, he de reconocer que he llegado a una especie de acuerdo personal con este test: yo te hago, tú me dices que debería ir más despacio y yo no te hago ni caso.

No he encontrado nunca una página "oficial" del test.  Hay que buscar las tablas por Internet y se acaban encontrando sin mucho problema. Por ejemplo, aquí. Una vez más, es un test empírico, una aproximación, no garantiza nada, solo orienta, como el anterior y el siguiente.

Los puntos de Purdy

Este es mi método preferido. Este señor en algún momento recogió montones de datos y aproximó una fórmula matemática para predecir tus tiempos, no en maratón, sino en cualquier distancia, a partir de tu tiempo en cualquier otra distancia. Así de chulo. Para una marca dada tienes una puntuación que define tu estado de forma. Con ese dato puedes hacer la pregunta al revés: qué tiempo corresponde a esta otra distancia sabiendo que mi estado de forma es de tantos puntos (de Purdy)

La fórmula está por Internet, pero en su día monté un formulario para facilitarle la vida a todos los que quieran jugar con el invento. Pincha aquí. Basta con rellenar la distancia y tiempo de referencia y darle al botón de calcular.

Termino recordando, por última vez , que es una estimación, que todo es orientativo. Ruego al lector se abstenga de estimar su tiempo de 100 km a partir del tiempo de un milqui. El test lo hace porque son puras matemáticas; el sentido común aconseja no creerse los resultados: si no has entrenado para terminar un maratón, ya puedes darle al botón, que no terminarás ¿Por qué me vendrá al cabeza otra vez el amigo Descartes y lo del sentido común?

Ejemplo práctico

Quedan diez días para mi próxima maratón. Para dar qué pensar dejo aquí por escrito las tres estimaciones que me dan los tres métodos:
  • Tiempo en la media de Fuenlabrada: 1:23:18. Tiempo según el método del doble más diez: 2:56:36.
  • Tiempo según el test de Serrano tras la prueba de ayer. 4:08 en el primer 6.000 y 3:55 en el segundo. Más o menos, que me olvide de bajar de 3 horas... pongamos 3:05:00
  • Tiempo de acuerdo a los puntos de Purdy. Hace cuatro días, 10 kilómetros en 37:58; es decir, 564 puntos. Lo que equivale a correr la maratón en 2:58:33.
¿Y por qué digo yo que mi objetivo es 2:55:00? Pues porque las predicciones son predicciones. Y la experiencia y el sentido común sirven para tener criterio. Y porque las condiciones en las que he hecho los tests solo las conozco yo, el método de estimación no.... Y porque yo solo corro lo que corro, no lo que diga el test.

Ale, dentro de unos días vemos el final de la historia.

domingo, 19 de octubre de 2014

Media Maratón de Fuenlabrada

No tenía ninguna intención de contar cómo me fue la media maratón de Fuenlabrada. La elegí porque era la única que cuadraba perfectamente en mi plan de entrenamiento para el maratón de Valencia y no la había corrido nunca. Llegue incluso a plantearme hacer los 21 kilómetros por donde siempre a buen ritmo yo solo; pero desde luego no hay nada como el ambiente de carrera para forzarte de verdad.

Además, el precio de la inscripción es muy razonable: 13 euros (más 40 céntimos para los señores de Paypal). Y como además iba acompañado, allí que nos plantamos el 19 de octubre del año de Nuestro Señor 2014. El día, excelente. Sin problemas de ningún tipo para aparcar, en el recinto de la Universidad Juan Carlos I. 

Es difícil entender que en una carrera que se ha disputado 17 veces se entreguen los dorsales y los chips con un cuello de botella tan evidente. De forma que desde que recogemos el dorsal ya nos olemos que la salida no se va a dar puntualmente. Después comprobaríamos que se dio con un retraso de alrededor de cuarto de hora. Eso sí, al menos no hacía frío: todavía recuerdo aquellos 15 kilómetros de Tres Cantos donde estuvimos cerca de 10 minutos esperando a una corredora de élite (de color ella) porque llegaba tarde. La razón ni la sé ni me importa, pero era enero...

La sorpresa graciosa es "el chip", una caja roja con una cinta para sujetarla por encima del tobillo. Según leo el fabricante es SMARTRAC y se trata de una etiqueta de RFID, tecnología barata que les permite hacer un chip de usar y tirar. Obviamente no debería ocupar nada, pero ocupa lo suyo sin razón aparente. La cinta de sujección es también de mala calidad. Colocada sobre el calcetín no da problemas, pero en contacto con la piel, a más de uno le acabaría provocando rozaduras e incluso sangre.

Con aproximadamente 15 minutos de retraso, como decía, y estrenando la nueva camiseta del club, nos dan la salida. El recorrido es bastante feo. Como siempre, para los que corren en casa tiene su aliciente; para los que venimos de fuera, no. Podía ser mucho peor, cierto: Getafe. Tampoco es precisamente llano. Lo peor para mi gusto es la señalización kilométrica. Yo no logré ver muchos de los kilómetros, porque no estaban, por pequeños o por mal ubicados. Además se sube y baja demasiadas aceras. De forma que resulta difícil saber cuánto llevas y cuánto te queda. Por último, la animación muy justita, aunque ese es un mal endémico.

Se dan dos vueltas y, al final, se hace un ajuste por el interior del campus universitario para llega a la (única) alfombra de meta. Ahí es donde llego en algo más de 1 hora y 23 minutos, según lo previsto y contento, pero la alfombra no se entera.

Y esta es la razón por la que he acabado contando esta mi enésima participación en un media: mi malestar por ser (inicialmente) ignorado. Después de contactar con la organización (a través de su blog) y de la empresa de medición (Comunabike) el resultado apuntaba a que no iba a figurar en la clasificación. Como siempre, me parece normal que haya problemas y se cometan errores: se aprende de ellos y se intenta que no se vuelvan a dar. Lo que no está nada bien es que se publique una nota indicando que ya está todo resuelto y tú no tengas ningún tipo de respuesta.

Tengo muy claro que es un problema de tratamiento de datos. Hay un cruce de nombres y clubes la mar de curioso y que no voy a contar ¿para qué? Desde luego no me han dado el chip de otra persona. Al final, ha quedado resuelto (aunque yo estoy sin club y el otro Manuel está en mi club 8-).

Después de todo, lo importante es que creo que mi preparación para el Maratón de Valencia va bien.

lunes, 24 de febrero de 2014

Maratón de Sevilla

No hay duda de que Sevilla me trata bien. Me fue muy bien en el año 2000 y me ha ido muy bien en 2014. Pero han transcurrido 14 años y lógicamente han cambiado muchas cosas. Voy a hacer un repaso muy personal, basado en los recuerdos que guardo de aquel maratón que corrí un 28 de febrero de 2000 y las impresiones del que corrí ayer mismo.

Cartel del año 2000
La organización ha mejorado notablemente. La verdad es que, aunque vayamos detrás de otros países más modernos en casi todo (estoy pensando en la NYCM), es mejor ir detrás que no ir. La recogida de dorsales, la información al corredor, los cajones de salida, los avituallamientos, la señalización en carrera, etc. Todo está a la altura de los 9000 usuarios (sí, usuarios, pagamos para recibir algo a cambio, no somos colegas ni amiguetes). No quiero decir que en 2000 todo era peor (cuando llegué, muerto, recuerdo con agradecimiento que los voluntarios se lanzaron a ofrecerme ayuda), pero cuando triplicas o cuadruplicas el número de participantes tienes que cambiar cosas. Y creo que lo han hecho. No me gusta el avituallamiento en vasos, pero es más ecológico, eso es cierto. También creo que deberían ofrecer avituallamiento sólido, pero siempre me lo he llevado de casa; o sea, que sin problemas.

Más triste me parece la decadencia del Estadio Olímpico. En 2000 el suelo de la pista era un lujazo: no hacía demasiado que se había celebrado un campeonato mundial de atletismo. De aquella pista inolvidable solo queda un suelo cochambroso y triste, con más calvas que cubierta, que da pena mirar. Eso sí, los campos de fútbol los mimamos, pero los de atletismo se mueren y desaparecen. En 2000 me pude duchar en las mismas duchas de la élite, en unas instalaciones de lujo. Ahora te toca ducharte en el hotel o en casa.

La animación es de lo que más ha mejorado. Ya en la salida hemos aprendido la importancia de calentar el ambiente con música. Salir con el Highway To Hell es fácil y no tiene precio (la SGAE no estará de acuerdo, claro). Por eso nos han enseñado (supongo que los americanos) la importancia de añadir animación durante la carrera. No puedo evitar comparar con la maratón de NY, pero seré agradecido: los grupos que amenizaban la carrera lo hacían razonablemente bien. Me gustó especialmente el coro de chavalas interpretando AC/DC con acento andaluz. 

Con la capa de Supermán
Lógicamente, con el triple o cuádruple de corredores, se multiplica aún más la animación de gente en carrera y en el Estadio. La soledad inmensa en la Isla de la Cartuja el año 2000 es difícil de olvidar: en el desierto se debe pasar parecido. Pero ya no es así. Hay zonas más animadas que otras, pero hay homogeneidad y siempre hay alguien que te recuerda que no te has salido del recorrido (me resulta inevitable comparar con el maratón de NY, pero es que es de otro planeta).

Y respecto al resultado personal, si inolvidable es el del año 2000 por conseguir la que era y será siempre mi marca personal, el de ayer me produjo una satisfacción inmensa. Lo considero un logro personal. Son casi 12 minutos de diferencia más lento (2h45 y 2h57), pero también son 14 años los que han pasado (no llega a un minuto por año 8-). En ambos casos he entrenado menos de lo razonable. En el año 2000 apenas encontraba tiempo para entrenar, así que me planté en Sevilla sin llegar a los 80 km. semanales en la semana de mayor carga. Ahora dedico más tiempo a entrenar, pero sobre todo la natación y la bicicleta, así que no he llegado ni a 60 km. Es por eso que tengo más agujetas de las habituales, que hacía tiempo que no bajaba escaleras como Chiquito de la Calzada.

Ritmo de Carrera en el Maratón de Sevilla de 2000
Pero la mayor diferencia que encuentro entre ambas carreras es el ritmo: en 2000 el agotamiento era progresivo, cada vez más lento: pasé la media maratón en 1:19 y el ritmo fue cayendo poco a poco hasta acumular 6 minutos más; ayer empecé algo rápido, pero me mantuve en un ritmo de 4:10 (8:20, recomiendo medir cada dos km.) casi toda la carrera para terminar cayendo a 4:20 en los últimos kilómetros, solo un par de minutos más en la segunda media. Curioso. Y gratificante.

Una última comparación entre aquella maratón y la de ayer: cuando llegué en 2000 no me tenía en pie, lo había dado todo, tardé horas en normalizarme. El premio fue la marca de mi vida. Ayer no salí con esa idea, pero también acabé dándolo todo, de verdad que las piernas me pesaban lo indecible desde el km. 38, pero había corrido con una sonrisa de principio a fin y no sé si después de 11 maratones he terminado alguna tan entero y satisfecho. Quizá el Galarleiz...