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domingo, 27 de noviembre de 2016

Maratón de Florencia

Hay viajes en los que todo sale según lo esperado. Y otro tanto sucede con las carreras. Y afortunadamente hay veces que suceden las dos cosas, como ha sido el caso de Florencia y su maratón. El viaje, la meteorología, el hotel, las comidas, las colas de los museos… todo.


¿Qué voy a contar de Florencia yo que no sepa todo el mundo? Nada, un placer en todos los sentidos (ahora estoy pensando en los helados). Y encima es temporada baja, así que solo éramos miles de turistas: supongo que en temporada alta se multiplicará por cinco. Por eso solo hablaré de su maratón. Si no quieres seguir leyendo, resumo: aceptable, vale la pena (un siete de nota, venga).

Salida
Empecemos mucho antes de tomar la salida: con la inscripción. El precio es normal. No lo recuerdo y va por tramos, pero del orden del precio de cualquier maratón española. Ahora bien, en Italia o estás federado (y supongo que has pasado ciertas pruebas) o tienes que enviar un certificado de aptitud para la práctica de la carrera de fondo. Yo lo envié en español e inglés. Es necesario hacerse una prueba de esfuerzo. A nadie se le escapa que es buena idea hacérsela, pero tiene un coste, y como en España no se exige, a alguno le parecerá mal. Es lo que hay.

La feria del corredor: básica. La verdad es que las últimas a las que he ido eran bastante más espectaculares. No me estoy refiriendo a Nueva York o Chicago: Valencia o Sevilla tienen ese ambiente que se requiere el día antes de hacer una prueba tan seria como es un maratón. Lo de Florencia era un espacio muy reducido, un pasillo de stands realmente, que te veías obligado a recorrer hasta el final para obtener tu bolsa del corredor. Mucha propaganda de maratones europeas (e incluso nacionales: Ibiza, por ejemplo): el negocio prospera.

Km. 37
Respecto al recorrido, según lo esperado. Es mucha distancia, así que te sacan del centro histórico para acumular kilómetros por barrios, zonas deportivas, parques, qué sé yo, pero no puede ser de otra forma. Es una carrera muy llana, y lo único a reseñar es que en algunos puntos el suelo es peligroso. La animación, muy escasa en mi opinión. Eso sí, la salida y la llegada, parece que por primera vez ambas (por fortuna para mi) estuvieron en el mismo centro de Florencia, junto al Baptisterio y el Duomo, lo que sin duda es un enorme acierto y, además en mi caso, un lujazo: no sé si alguna vez he tenido salida y llegada a 300 metros de “casa” (hotel).

¿Y mi carrera? Muy satisfecho (nota: nueve). La salida estaba bien organizada, unas 8.000 personas, así que pude correr desde muy pronto. A los cinco kilómetros sudábamos ya de lo lindo, a pesar de la excelente (baja) temperatura y que el ritmo era el razonable: la humedad, bastante humedad. Había bebida con sales cada cinco kilómetros, así que no quedaba otra que beber sin sed. El resto de avituallamientos, intercalados con los anteriores, eran de esponjas.

Conforme a mis expectativas, pasé la media maratón (poco después del Palazzo Pitti) algo más deprisa de lo previsto: 1:24:34. El problema fue que empecé a notar contraerse algún músculo de los que tenemos en las piernas, creo que es el isquiotibial, pero como me temo que el día que explicaron los músculos no debí ir a clase, así que no me los sé y tampoco me paré a mirar. Eso sí, reduje el ritmo, no quería que pasara lo de Castellón. Tomé más sales y a partir del 25 volví a recuperar. Se ve perfectamente en la tablita.

Llegada
A partir de ahí, la historia de siempre: el muro. Empezó hacia el 35 y duró hasta el 41. Pero aún así no dejé de pasar gente hasta el final. Esta vez fue más murete que muro. Y un muro rodeado de belleza e historia, de buenas sensaciones, de experiencia, de alegría por el reto conseguido. Como siempre, Bego ayudándome a lo largo de toda la carrera. Y, sobre todo, bombeando en mi cabeza la motivación necesaria para no aflojar hasta los metros finales. Cerré los ojos para vivir el momento y el fotógrafo lo pilló.

Una ciudad y un maratón para recordar con verdadero orgullo y cariño.

domingo, 11 de octubre de 2015

Maratón de Chicago

Acabo de ver en la tele una entrevista a Pau Gasol donde, además de demostrar una vez más su calidad humana (de la deportiva qué vamos a decir), decía que le encantaba vivir en Chicago. En estos últimos días precisamente, tras este viaje a Chicago, he comentado con los conocidos algo parecido: Nueva York es un gran parque temático, pero Chicago es una señora ciudad., un sitio mucho mejor para vivir. Imagino que las temperaturas a lo largo del año no lo pondrán fácil, pero dónde va a parar la elegancia de Chicago frente a la exageración de Nueva York.

En la Feria del Corredor
Eso sí, la maratón de Nueva York no tiene igual. Como mínimo puedo afirmar que Chicago no está a su altura. La razón es la gente, no tengo ninguna duda. Es cierto que las dos están perfectamente organizadas (si aquí tenemos que vigilar la entrada a un recinto de cuarenta y pico mil personas, o empezamos una semana antes o se nos muere alguien). La feria del corredor, por ejemplo, ocho veces las de aquí. Y durante la carrera todo perfecto, ni una pega. Pero la verdad es que la animación de Nueva York no tiene parangón. Cada vez que pienso en la entrada en la Primera Avenida, en 2011, se me pone la carne de gallina.

Simplemente es eso: la cantidad de gente. La gente anima igual, pero no hay tanta, digan lo que digan los organizadores. Porque los que hay aprecian igual el esfuerzo, los carteles de la gente, los ánimos indiscriminados, el reconocimiento. Pero es que son menos. Volviendo al hotel, como en Nueva York, me felicitaron varias veces. Pero esta vez no nos fuimos directos al aeropuerto, y pudimos comprobar el orgullo que sienten los que terminan porque al día siguiente, e incluso días después, la cantidad de gente que llevaba colgando su medallita era increíble. Aquí la llevas al día siguiente y te tachan de imbécil. A mí, como buen español, ni se me pasó por la cabeza…

Esta vez tenía el hotel a 20 minutos de camino de la salida. Como en Nueva York, me tocaba el corral A. Delante, la élite y un montón de buenos corredores buscando calificarse para los trials olímpicos de maratón. Una señora canta el himno americano y todos calladitos, como debe ser, y los americanos con el puño en el pecho (envidia que me dan, qué se le va a hacer, aquí preferimos romper el país). No pude evitar acordarme de Sinatra (de su voz, me refiero). Pum. A correr.

Muerto no, lo siguiente
De mi carrera no hay mucho que contar. La verdad es que consideraba asequible hacer 2:54. Pero me sentía bien y decidí arriesgar. Algo debió influir la euforia de ver la hazaña de Rober en Kona. Y eso no es buena idea nunca. Fui muy bien hasta el km. 20. No iba forzando, pero a partir del 21, decidí que era imposible seguir a ese ritmo y, casi sin quererlo, empecé a reducir la velocidad. La foto está tomada por mi niña, a medio kilómetro de la llegada. Muerto no, lo siguiente... El recibimiento, con centenares de voluntarios aplaudiendo y dándote la enhorabuena es un gran momento, a pesar de no sentir las piernas. Pero allí no dejan  para a nadie, quedan muchos miles de corredores por entrar aún y merecen su espacio.

La verdad es que me hacía muchísima ilusión entrar entre los cinco primeros de mi grupo de edad. Leí que dan un trofeo con tu nombre grabado. Hacía falta bajar de 2:50 y a mitad de camino estaba en 2:48, pero si sigo intentándolo unos kilómetros más hubiera sido peor: quedaba demasiado. Como dicen los chavales, una petada en toda regla. Sin duda me faltaba fondo. Creo que se me olvidó que no se le puede perder el respeto nunca a un maratón. De todos modos, puesto 11 de 1906 es para estar orgulloso y lo estoy (y por eso lo escribo).

Paseito en bici por la orilla del Lago Michigan
El resto de la semana lo pasamos disfrutando de, como decía, una ciudad elegante. Hizo un tiempo excelente, ideal. El río, el lago, los puentes, el metro elevado, sus iconos, los rascacielos y sus miradores de vértigo, los museos, los grandes almacenes, su pizza supergruesa, las limusinas, algún paseito en bici… Hubiera estado bien ver algún partido en vivo de los Bulls o de los Cubs (los seguidores estaban eufóricos, hacía no sé cuánto que no ganaban y este año van muy bien clasificados) o mejor de los Bears, que el fútbol americano es espectacular de verdad, pero no nos animamos.

Ahora toca decidir cuál es la siguiente major.

domingo, 10 de mayo de 2015

Duatlón Cross de Daganzo y Media Maratón de Azuqueca

Me está sentando bien el medio siglo. Cada vez que tomo la salida, acabo encima del podio. Incluso en lo que no me sale nada bien. Más de una vez he dicho que no pienso quitarle mérito: primero porque los otros de tu edad pueden tomar la salida si quieren, pero no lo hacen; segundo, por puro respeto a los que quedan por detrás.

No sé montar en bici de montaña. Le puedo echar la culpa a veintisiete cosas, pero la principal razón para que me pase hasta el tato es que veo una bajada llena de piedras, las alarmas se disparan en mi cerebro y freno. Me da cosa matarme, no me agrada. En las subidas no se me va nadie (salvo que meta la pata y cambie tarde), en llano más o menos, pero en las bajadas lo único que oigo es "¡izquierda, izquierda, izquierda...!" o "¡derecha, derecha, derecha...!" en función de que yo vaya por la derecha o por la izquierda, respectivamente. Y hasta me dan las gracias. Seguro que alguno piensa que soy un despistado que pasaba por allí. Me debieron pasar más de veinte duatletas en el tramo de bicicleta.

Duatlón Cross de Daganzo
Añádele luego esas distancias de carrera a pie que tienen los duatlones (cuatro kilómetros y medio el primer tramo y dos y pico el segundo): no me da tiempo ni a calentar. El pasado 3 de mayo corrí mi primer duatlón cross. En Daganzo. Me gustó la experiencia, sobre todo subir al podio con dos máquinas, que ellos sí que lo son. Lo único que hice mejor que ellos fueron las transiciones. Y la razón es que yo no llevo calas. Por las mismas: miedo, falta de destreza, etc. La carrera, sencilla, bien organizada, casi tanto como el Duatlón Cross Popular de Alcalá de Henares 8-). En particular me gustó ver por fin unos boxes suficientemente altos, donde puedo meter y sacar la bici sin tener que tumbarla. Me gustaron y agradezco también los consejos del que controlaba el acceso al entrar en boxes (llevaba el cierre de una rueda flojo y mal orientado).

Y el pasado 10 de mayo volví a correr la media maratón de Azuqueca de Henares. Me sigue pareciendo una carrera con una excelente relación calidad/precio. Bonita no es, eso cierto, pero tiene casi todo lo que le pides a este tipo de carreras: recogida de dorsal cómoda (inmediata), bien medida, bien señalizada, avituallamiento en carrera suficiente, algún recuerdo chulo y algo que tomar a la llegada. pero además me sorprendió que hubiera diez puestos de masajes, la Coronitas fresquita de verdad, etc. En la salida me sentía agarrotado (había hecho bici antes), pero no especialmente cansado. Sabía que iba a hacer calor, pero tomé la salida con la idea de hacer podio (V2M), sin esperar a ver cómo se me daba...

Media de Azuqueca de Henares
Y se me dio bien. Hizo mucho calor, pero no bajé el ritmo. Mi mujer me avisaba de que iba el décimo, y aún así era probable que fuera tercero (está divertido eso de adivinar si los que tienes por delante pasan o no de cincuenta años). Y acertó: tercero. Lo curioso del asunto es que los nueve primeros nos repartirmos los tres podios por categoría. Es evidente que los jóvenes no participan en estas carreras. Y mientras sea así, seguiremos llegando por delante los mayorcitos.

domingo, 19 de octubre de 2014

Media Maratón de Fuenlabrada

No tenía ninguna intención de contar cómo me fue la media maratón de Fuenlabrada. La elegí porque era la única que cuadraba perfectamente en mi plan de entrenamiento para el maratón de Valencia y no la había corrido nunca. Llegue incluso a plantearme hacer los 21 kilómetros por donde siempre a buen ritmo yo solo; pero desde luego no hay nada como el ambiente de carrera para forzarte de verdad.

Además, el precio de la inscripción es muy razonable: 13 euros (más 40 céntimos para los señores de Paypal). Y como además iba acompañado, allí que nos plantamos el 19 de octubre del año de Nuestro Señor 2014. El día, excelente. Sin problemas de ningún tipo para aparcar, en el recinto de la Universidad Juan Carlos I. 

Es difícil entender que en una carrera que se ha disputado 17 veces se entreguen los dorsales y los chips con un cuello de botella tan evidente. De forma que desde que recogemos el dorsal ya nos olemos que la salida no se va a dar puntualmente. Después comprobaríamos que se dio con un retraso de alrededor de cuarto de hora. Eso sí, al menos no hacía frío: todavía recuerdo aquellos 15 kilómetros de Tres Cantos donde estuvimos cerca de 10 minutos esperando a una corredora de élite (de color ella) porque llegaba tarde. La razón ni la sé ni me importa, pero era enero...

La sorpresa graciosa es "el chip", una caja roja con una cinta para sujetarla por encima del tobillo. Según leo el fabricante es SMARTRAC y se trata de una etiqueta de RFID, tecnología barata que les permite hacer un chip de usar y tirar. Obviamente no debería ocupar nada, pero ocupa lo suyo sin razón aparente. La cinta de sujección es también de mala calidad. Colocada sobre el calcetín no da problemas, pero en contacto con la piel, a más de uno le acabaría provocando rozaduras e incluso sangre.

Con aproximadamente 15 minutos de retraso, como decía, y estrenando la nueva camiseta del club, nos dan la salida. El recorrido es bastante feo. Como siempre, para los que corren en casa tiene su aliciente; para los que venimos de fuera, no. Podía ser mucho peor, cierto: Getafe. Tampoco es precisamente llano. Lo peor para mi gusto es la señalización kilométrica. Yo no logré ver muchos de los kilómetros, porque no estaban, por pequeños o por mal ubicados. Además se sube y baja demasiadas aceras. De forma que resulta difícil saber cuánto llevas y cuánto te queda. Por último, la animación muy justita, aunque ese es un mal endémico.

Se dan dos vueltas y, al final, se hace un ajuste por el interior del campus universitario para llega a la (única) alfombra de meta. Ahí es donde llego en algo más de 1 hora y 23 minutos, según lo previsto y contento, pero la alfombra no se entera.

Y esta es la razón por la que he acabado contando esta mi enésima participación en un media: mi malestar por ser (inicialmente) ignorado. Después de contactar con la organización (a través de su blog) y de la empresa de medición (Comunabike) el resultado apuntaba a que no iba a figurar en la clasificación. Como siempre, me parece normal que haya problemas y se cometan errores: se aprende de ellos y se intenta que no se vuelvan a dar. Lo que no está nada bien es que se publique una nota indicando que ya está todo resuelto y tú no tengas ningún tipo de respuesta.

Tengo muy claro que es un problema de tratamiento de datos. Hay un cruce de nombres y clubes la mar de curioso y que no voy a contar ¿para qué? Desde luego no me han dado el chip de otra persona. Al final, ha quedado resuelto (aunque yo estoy sin club y el otro Manuel está en mi club 8-).

Después de todo, lo importante es que creo que mi preparación para el Maratón de Valencia va bien.

domingo, 11 de mayo de 2014

VIII Media Maratón de Azuqueca

Hay días que pintan bien y terminan mal... y viceversa. Hoy ha sido de los de viceversa. Llevaba tres días con mucha carga de entrenamiento. Ayer sábado, de hecho, hicimos 155 kilómetros y a una media de 30 km/h. Y hoy tocaba media maratón (Azuqueca de Henares), pero como 21 km. son poco, había decidido precederlos de unas cuantas de decenas de kilómetros de bicicleta. Ya lo habíamos hecho en la media de Alcalá de Henares en marzo, pero como mi poder de convocatoria es nulo, a las 8:00 de la mañana empezaba a pedalear yo solo Patata arriba Patata abajo.

Con Vicente y Hernando
Después de 47 km. de rodaje suave (28 km/h.) hago la T2 en el coche y me voy a por el dorsal, que ha recogido mi cuñado. Hete aquí que me lo encuentro acompañado de Hernando, que lesionado y todo comienza con su preparación de tres semanas (sí, semanas, no meses) para el maratón de Estocolmo. Nos falta un par de tornillos, eso seguro. Más tarde comprobaré que también Pablo Jiménez ha podido conseguir dorsal y está en carrera. Como era de esperar, muchas caras conocidas, sobre todo del Alcalá Maratón. Charlo un ratito con Javi, el hermano de Rober.

Antes de salir, me doy cuenta de que los cuádriceps están bastante cargados (qué extraño 8-), pero tengo buenas sensaciones, así que saldré con calma y a ver qué dicen las piernas. Afortunadamente está un poco nublado, así que aunque hace calor y la temperatura va a seguir subiendo, no parece que vaya a ser un calor serio. Tengo previsto encontrar a mi hermana y soltarle el móvil y las llaves del coche en breve, así que los llevo en la mano. Error. También llevo los dos geles de rigor.

Salida y meta se encuentran en la pista de atletismo del polideportivo San Miguel. Me dicen que no hay ropero y me cuesta creerlo, pero debe ser verdad. Tras un minuto de silencio por los niños de Monterrubio de la Serena y por Yago Lamela, se da la salida. La primera vuelta incluye una vueltecita a la pista de atletismo. El recorrido se desarrolla por calles amplias, de forma que se va y se vuelve por las mismas calles, lo que hace que constantemente te cruces con el resto de corredores, tengas referencias y, sobre todo, muchos ánimos. Avituallamiento no falta: dos en cada vuelta, seis en total. Apenas hay pendientes, son mínimas, lo que permite un ritmo muy constante. Eso sí, del móvil y las llaves no me libro, porque mi hermana no aparece ¿Pero dónde está esta mujer?

Paso los 10 km. en 40 minutos clavados. Somos pocos, ni 300 creo, así que las posiciones se mantienen muy estables, estirándose poquito a poco la carrera. Tampoco hay mucha animación, como era de esperar, pero no la echo en falta. Primero porque a 4 min/km. voy relativamente cómodo: me pesan un poco las piernas, pero no es exagerado. Pero lo mejor son los ánimos constantes de los compañeros, en particular Hernando y Javi, pero también de Miguel Ángel Izquierdo (SR2) y algunos conocidos del Alcalá Maratón. Siempre una sonrisa y unas palabras de ánimo. Y por fin, acabando la segunda vuelta, aparece mi hermana... jolines, ya era hora. Le suelto el móvil y las llaves; también está la familia de mi cuñado dando gritos de ánimo, así que marcho contento a por la tercera vuelta, a doblar gente, a tomarme el segundo gel y a intentar no bajar el ritmo durante los 7 km. finales.

Y lo consigo, porque el ritmo final es 4:02, solo unos segundos más que en la media de Alcalá. Y allí Rober y Vicente tiraban de mi, aquí no tiraba nadie. He ido prácticamente solo durante 21 km. y con más calor, y quizá más cansancio acumulado. Recordando tiempos pasados, me acerco a ver cuánto me he acercado al podio: no está mal, sexto de mi categoría; pero es lo de menos, todo suma y con días así uno gana confianza para el día D.

lunes, 24 de febrero de 2014

Maratón de Sevilla

No hay duda de que Sevilla me trata bien. Me fue muy bien en el año 2000 y me ha ido muy bien en 2014. Pero han transcurrido 14 años y lógicamente han cambiado muchas cosas. Voy a hacer un repaso muy personal, basado en los recuerdos que guardo de aquel maratón que corrí un 28 de febrero de 2000 y las impresiones del que corrí ayer mismo.

Cartel del año 2000
La organización ha mejorado notablemente. La verdad es que, aunque vayamos detrás de otros países más modernos en casi todo (estoy pensando en la NYCM), es mejor ir detrás que no ir. La recogida de dorsales, la información al corredor, los cajones de salida, los avituallamientos, la señalización en carrera, etc. Todo está a la altura de los 9000 usuarios (sí, usuarios, pagamos para recibir algo a cambio, no somos colegas ni amiguetes). No quiero decir que en 2000 todo era peor (cuando llegué, muerto, recuerdo con agradecimiento que los voluntarios se lanzaron a ofrecerme ayuda), pero cuando triplicas o cuadruplicas el número de participantes tienes que cambiar cosas. Y creo que lo han hecho. No me gusta el avituallamiento en vasos, pero es más ecológico, eso es cierto. También creo que deberían ofrecer avituallamiento sólido, pero siempre me lo he llevado de casa; o sea, que sin problemas.

Más triste me parece la decadencia del Estadio Olímpico. En 2000 el suelo de la pista era un lujazo: no hacía demasiado que se había celebrado un campeonato mundial de atletismo. De aquella pista inolvidable solo queda un suelo cochambroso y triste, con más calvas que cubierta, que da pena mirar. Eso sí, los campos de fútbol los mimamos, pero los de atletismo se mueren y desaparecen. En 2000 me pude duchar en las mismas duchas de la élite, en unas instalaciones de lujo. Ahora te toca ducharte en el hotel o en casa.

La animación es de lo que más ha mejorado. Ya en la salida hemos aprendido la importancia de calentar el ambiente con música. Salir con el Highway To Hell es fácil y no tiene precio (la SGAE no estará de acuerdo, claro). Por eso nos han enseñado (supongo que los americanos) la importancia de añadir animación durante la carrera. No puedo evitar comparar con la maratón de NY, pero seré agradecido: los grupos que amenizaban la carrera lo hacían razonablemente bien. Me gustó especialmente el coro de chavalas interpretando AC/DC con acento andaluz. 

Con la capa de Supermán
Lógicamente, con el triple o cuádruple de corredores, se multiplica aún más la animación de gente en carrera y en el Estadio. La soledad inmensa en la Isla de la Cartuja el año 2000 es difícil de olvidar: en el desierto se debe pasar parecido. Pero ya no es así. Hay zonas más animadas que otras, pero hay homogeneidad y siempre hay alguien que te recuerda que no te has salido del recorrido (me resulta inevitable comparar con el maratón de NY, pero es que es de otro planeta).

Y respecto al resultado personal, si inolvidable es el del año 2000 por conseguir la que era y será siempre mi marca personal, el de ayer me produjo una satisfacción inmensa. Lo considero un logro personal. Son casi 12 minutos de diferencia más lento (2h45 y 2h57), pero también son 14 años los que han pasado (no llega a un minuto por año 8-). En ambos casos he entrenado menos de lo razonable. En el año 2000 apenas encontraba tiempo para entrenar, así que me planté en Sevilla sin llegar a los 80 km. semanales en la semana de mayor carga. Ahora dedico más tiempo a entrenar, pero sobre todo la natación y la bicicleta, así que no he llegado ni a 60 km. Es por eso que tengo más agujetas de las habituales, que hacía tiempo que no bajaba escaleras como Chiquito de la Calzada.

Ritmo de Carrera en el Maratón de Sevilla de 2000
Pero la mayor diferencia que encuentro entre ambas carreras es el ritmo: en 2000 el agotamiento era progresivo, cada vez más lento: pasé la media maratón en 1:19 y el ritmo fue cayendo poco a poco hasta acumular 6 minutos más; ayer empecé algo rápido, pero me mantuve en un ritmo de 4:10 (8:20, recomiendo medir cada dos km.) casi toda la carrera para terminar cayendo a 4:20 en los últimos kilómetros, solo un par de minutos más en la segunda media. Curioso. Y gratificante.

Una última comparación entre aquella maratón y la de ayer: cuando llegué en 2000 no me tenía en pie, lo había dado todo, tardé horas en normalizarme. El premio fue la marca de mi vida. Ayer no salí con esa idea, pero también acabé dándolo todo, de verdad que las piernas me pesaban lo indecible desde el km. 38, pero había corrido con una sonrisa de principio a fin y no sé si después de 11 maratones he terminado alguna tan entero y satisfecho. Quizá el Galarleiz...

viernes, 14 de febrero de 2014

Sin excusas

Según el Diccionario de la Real Academia de la Lengua, una excusa es el motivo o pretexto que se invoca para eludir una obligación o disculpar una omisiónNo es exactamente el uso común que le damos los deportistas (aficionados): el motivo o pretexto que se invoca para explicar un resultado deportivo peor que el esperado.

Seamos sinceros: quien más y quien menos tira de excusas. Lo que sí diferencia a unos deportistas de otros es que unos las usan en ocasiones y otros ocasionalmente no las usan. 

He decidido no buscar excusas más, ni siquiera esporádicas.

¿A qué viene esto? Pues es sencillo: cada vez entreno más y cada vez voy más despacio. En todo. Es evidente. Y como no me quiere entrar en la cabeza, me paso el día buscando las causas. Y aburro a todo el mundo. Tanto que ya me he aburrido a mí mismo. Y encima me frustro. Por eso ya no voy a buscar excusas. Decidido.

Esta decisión viene motivada, en buena medida, por el libro que estoy leyendo: "Lo que de verdad importa", de la fundación del mismo nombre. Un compendio de artículos sobre gente ejemplar, con problemas de los de verdad, que nos enseñan que se es más feliz asumiendo tu situación y luchando para mejorarla.

¿A qué viene quejarse porque no bajas de 1:25 en una media maratón cuando hay gente que no tiene el privilegio ni de poder correr? Casi se me cae la cara de vergüenza cuando leí el relato de Albert Espinosa (el de Pulseras rojas) y cuenta que a los 12 años le tuvieron que amputar la pierna a causa del cáncer. Un niño. Sin piernas. Y así uno tras otro ejemplo. Como el de Kyle Maynard, que nació sin brazos y sin piernas, y tiene más actividad que el 90% de la gente que conozco. Y yo fastidiado porque no avanzo en natación tanto como me gustaría...

Muy importante: el libro no te dice que les compadezcas y tampoco te dice que te resignes a nada; al contrario, te recomienda una y otra vez que pelees como ellos, pero sin perder de vista qué es lo que realmente importa: ¿importa de verdad bajar de 1:25 a un tío de 48 años? No, es evidente que no. La lista de cosas que realmente me importa la tengo bastante clara. Ahora solo me falta asimilarlo de verdad.

Ayer hice el test de Serrano de cara a la maratón de Sevilla. El resultado fue el esperado: me puedo olvidar de bajar de las 3 horas. De hecho, la recomendación del test es ir a por las 3 horas y 10 minutos. Y a por ellos voy. No pienso echarle la culpa al trabajo, ni a la edad, ni a las rodillas ni a nada ni a nadie. Lo importante es que sigo corriendo (y ahora recuerdo que hace años ponía en duda poder volver a correr maratones) y que voy a hacerlo rodeado de mi familia y de varios compañeros y amigos.

Ah, y por supuesto, si está en mis piernas, no me conformaré con 3 horas y 10 minutos. Pero sea cual sea el resultado, no buscaré excusas.

domingo, 26 de enero de 2014

Media Maratón de Getafe 2014

Preciosa mañana para correr y batir marcas la de hoy. Además de los cinco compañeros del club, un montón de conocidos: del Alcalá Maratón, de los de las 8:30, de Maratid, un antiguo vecino de cuando era joven, incluso algún compañero (inesperado) del trabajo. Claro que, tampoco es raro cuando corren cuatro mil quinientas almas. En la foto, de derecha a izquierda, Julio, Dani, José, Borja y servidor.

Complutum Triatlón (con Dani Molina) en la media de Getafe 2014
No me ha gustado nada esta carrera, pero tampoco esperaba que me gustara, así que no tengo nada que objetar. El precio sigue siendo correcto, para lo que cobran por ahí. Y todo está razonablemente bien organizado. Me ha gustado la bolsa: comida, bebida y una camisetita de recuerdo. Vamos, que nada que objetar a la carrera misma, solo que no soporto las carreras tan masificadas.

Como no iba con grandes pretensiones, me he situado mal y no he podido correr cómodo hasta el kilómetro 14: sí, el kilómetro 14, cuando quedaban 7 para llegar ¿culpa mía? seguramente. Pero tengo la impresión de que estar mucho más adelante hubiera sido parecido. Demasiada gente corriendo y punto. Y muy poca animando (esto es typical spanish), y del recorrido qué decir... feo, feo.

Lo mejor del día de hoy ha sido darme cuenta de que o meto algo más de fondo en los entrenamientos o en la maratón de Sevilla me va a entrar la risa hacia el km. 28. Pensaba ir a 4:00 y finalmente he ido a 4:05, pero no me he dejado casi nada. Tampoco me preocupa mucho el tiempo que vaya a hacer en Sevilla, pero lo que no quiero es reptar los últimos 10 kilómetros. Así que, a aplicarse.

Como anécdota, haré mención al imbécil que en el kilómetro 14 coge su botellita de agua y, yendo por el lado izquierdo del pelotón, solo se le ocurre arrojarla al lado derecho, cruzando la botella por delante de las narices de varios corredores, entre los que me encontraba. El día que pidan un IQ de 70, más de uno no corre.


domingo, 17 de marzo de 2013

Bego ya es Half Marathon Finisher!

La de hoy ha sido una media maratón y pico en la que he disfrutado mucho más de lo que esperaba. Desde el primer kilómetro he decidido salir a un ritmo razonable, moviéndome en esa fina línea en que vas fuerte, no sobrado, pero vas alegre, no sufriendo. Las razones para haber decidido correr con este ritmo son variadas, pero solo una viene a cuento. Y lo quiero contar.

Cuando era un crío no me gustaba apenas ver deporte, solo practicarlo; después empecé a disfrutar del baloncesto, el ciclismo... pero seguía sin entender de ídolos. Con el paso de los años empecé a entender que lo que me gustaba de los grandes deportistas no eran sus marcas o sus victorias, sino su capacidad de sufrimiento, de esfuerzo y de trabajo para llegar adonde habían llegado. Y con esta filosofía, empezó a quedarme claro que ser el mejor no es privilegio de los mejor dotados.

No voy a negar que me gusta hacer buenas marcas, subir a un podio, que me lo digan y que haya quien se admire, pero en el fondo pienso que, salvo que seas imbécil, el orgullo de verdad solo llega cuando has hecho la mejor marca que estaba a tu alcance; aquel resultado que es el mejor posible en tus circunstancias. Y tus circunstancias son solo tuyas: tu peso, tu altura, tus lesiones, tu mujer, tus hijos, tu familia, tus amigos, tu trabajo, tus hobbies, tus preferencias, tu corazón, tu edad...

Cuento esto porque hoy lo he hecho muy bien: no he hecho 1:20 y pico como de costumbre (ni creo que hubiera podido), ni tampoco 1:21, casi me he ido a 1:23. Pero las circunstancias eran diferentes de las de cualquier otra media maratón. Me he esforzado lo justo para disfrutar de mi ciudad, atravesando semáforos en rojo, devolviendo sonrisas a todos los que me animaban, buscando una papelera para tirar el sobrecito del gel, para poder acercarme a dar la mano a mis padres y a mi hermana... y para entrenar con calidad, al menos hasta el último kilómetro y pico. Solo entonces, cuando he visto a un viejo conocido, he decidido... mmmm... superarle; después, ya llegando, he oido que alguien se acercaba por detrás y ha habido que... mmmm... desilusionarle. Y por si fuera poco, ya lanzado, veo el 1:22:53 a pocos metros y he tenido que apretar aún más por si acaso podía ser 1:22 y mucho mejor que 1:23 y poco.

Ah, sí, las circunstancias...

Pues la especial circunstancia de hoy era que mi mujer corría su primera media maratón. Y aunque no dudaba en absoluto que iba a terminar, quería acompañarla para hacérselo un poquito menos duro. Así que he llegado, me he tomado la bebida que me han dado y me he ido a buscarla en el kilómetro 15. Sus circunstancias son las que son y su ritmo es el que es, pero según mi filosofía su resultado tiene exactamente el mismo valor que el mío y el de la gran mayoría de los participantes. Ella no podía hacerlo mejor y yo he hecho lo que tenía que hacer. Doble orgullo en una sola carrera.

Y estoy seguro de que lo mejor está por llegar. Ya se lo dije cuando acabé mi inolvidable maratón de Nueva York: si volvemos aquí, será para hacerla los dos. Y no me dijo que no...

domingo, 16 de septiembre de 2012

XXIV Media Maratón de Valladolid

Diario de las dos últimas semanas...

Domingo, 2 de septiembre:
Estoy cansado, pero menos que después de cualquier maratón. El plan es el siguiente: dos semanas entreno tranquilo y el domingo 16, a disfrutar de la media de Valladolid. Durante meses he nadado mucho y he pedaleado bastante, pero lo que es correr, poco tirando a muy poco; ni una sola serie en un año y pico, ni un solo entrenamiento vivoque yo recuerde, solo trotar y trotar al ritmo que me pide el cuerpo. En estas condiciones, lo suyo es disfrutar.

Lunes, 3 de septiembre:
Voy a recoger al chaval al entrenamiento de baloncesto y troto durante unos cuarenta minutos. Muy suave. No apetece más.

Miércoles, 5 de septiembre:
Como el lunes, algo más de distancia y a un ritmo más vivo.

Viernes, 7 de septiembre:
Recorrido clásico de 9 kilómetros y 200 metros por la parte baja de Los Cerros. Los kilómetros finales me acerco a un ritmo de 4 minutos. Empiezo a estar recuperado.

Domingo, 9 de septiembre:
Salida de lujo con los Amigos de Alcalá y los del Complutum Triatlón. Entre charlas y risas, hago 18 kilómetros y pico en hora y media. Empiezo a sentirme cómodo, pero sin ninguna pretensión.

Lunes, 10 de septiembre:
Hoy no toca correr, pero me empieza a rondar la idea de siempre: para correr por el placer de correr ya están los entrenamientos ¿y si salgo a por todas? ¿y cómo se comportará el cuerpo después de tantos meses de triatlón sin apenas correr? Decido probar al día siguiente. 

Martes, 11 de septiembre:
Arboreto. Doy tres vueltas de calentamiento incrementado el ritmo. La cuarta la hago en menos de 4:00 casi sin quererlo. La quinta decido empezar a apretar: 3:33. En la sexta decido que es el momento: 3:20. Se acabó, decidido: media de Valladolid a lo que dé el cuerpo. ¿Podré bajar de 1:20?

Jueves, 13 de septiembre:
El Retiro. Alrededor de 9 kilómetros alegres sin muchas pretensiones, una especie de descanso activo.

Domingo, 16 de septiembre:
Buena temperatura, bonito dorsal, no veo conocidos como en las anteriores ediciones. Creo que no solo queda poco de lo que fue Telefónica I+D, también queda poco de los que fue mi primer equipo de atletismo. Me sitúo bien. Pum. El recorrido es el mismo de los últimos años, ya me lo conozco mejor que muchas carreras en Madrid. Objetivo: mantener el ritmo de 3:45.

Los primeros kilómetros caen un poco por debajo de 3:45, pero el octavo es el último que cae a 3:45; a partir de ahí empiezo a sumar segundos. El grupo de la segunda chica se aleja poquito a poquito, sin prisa, pero sin pausa. Me pasa alguno, cae algún otro, nada que ver con mis triatlones. Del 14 al 16 me relajo un poco, pero a partir del 16 aprieto porque veo peligrar hasta el 1:20. Y así hasta el final: 1:20:30, como siempre, qué se le va a hacer. Casi estoy en la primera hoja de la clasificación general: puesto 51, 8º de mi categoría de veteranos. Lo positivo es que tengo quince años más que la primera vez que hice 1:20, en Logroño. 

Ahora sí se acabó la temporada, a descansar quince días y a por todas en la que viene.

martes, 20 de marzo de 2012

II Media Maratón Cervantina

Igual exagero, pero creo que hacen falta más de dos manos para contar las medias que he hecho en 1:20. La primera fue aquella, inolvidable, de La Rioja, en Logroño, con Fiz, Antón, Roncero... 1:20:34, en la que comprobé por primera vez que la élite de este deporte era gente normal, a diferencia de lo que sucedía con otros deportes más televisivos. Después vinieron otras medias de resultado similar, como aquella de Fuencarral, pero quizá más valioso (1:20:14) a causa de la dureza de la subida desde El Pardo. O aquella de Coslada (1:20:02), en que casi, casi...

Por eso bajar de 1:20 siempre ha sido mi objetivo en cualquier media. La de ayer tuvo algo de especial también. No me parecía posible bajar de 1:20 sin haber hecho ni el menor entrenamiento de calidad, así que el objetivo de verdad era ver qué era capaz de hacer cuando entrenas un par de días 10 kilómetros al ritmo que te apetece, sin más. Y es que, dado que mi objetivo cada semana no es otro que pedalear y nadar más y mejor (objetivo más que asequible 8-), lo de correr pasa a segundo término (mejor dicho: pasa a tercer término). Además, también fue una de las pocas carreras, no sé si la única, que he corrido sin reloj, como los "buenos".

Y no se puede decir que saliera mal la II Media Maratón de Alcalá de Henares (tercera para los que tenemos memoria y sabemos agradecer el esfuerzo de los primeros organizadores): 1:20:41. En la salida, foto con los Amigos de Alcalá y oportunidad para saludar a montones de conocidos; durante todo el recorrido, animando como siempre, la familia y más conocidos. El recorrido lo podría hacer a ciegas. Por la razón que sea, al pasar por la calles donde pasé mi infancia me vienen a la memoria un montón de recuerdos... estoy en casa.

La primera vuelta la hago tranquilo, pero en la segunda ya noto el cansancio y me concentro en no aflojar, porque más deprisa ya no soy capaz de ir. Los kilómetros caen tranquilamente, seguramente cada vez más despacio, hasta que llegando al km. 20 me sorprende ver que la calle Mayor está prácticamente vacía: animación nula. Y me viene a la cabeza la maratón de Nueva York. El contraste es demoledor. Pero es lo que tenemos, es lo que somos.

Mediado el último kilómetro me sucede la única circunstancia negativa del día. Acababan de animarme Juanma, Carlos y Nico y giraba en Cuatro Caños cuando empieza a avisarme el isquiotibial izquierdo, igual que en Castellón hace año y pico. No queda más remedio que aflojar sin llegar a parar, justo cuando tenía que empezar a apretar.

Afortunadamente la distancia de los seguidores era suficiente para que nadie me adelantara... porque pasarán los años, las medias y los unos veinte, pero sigue y seguirá sin gustarme que me pase nadie. Y menos en la línea de meta de mi casa.

martes, 8 de noviembre de 2011

Maratón de Nueva York

"You may say I'm a dreamer
But I'm not the only one
I hope someday you'll join us
And the world will live as one"
(Imagine, John Lennon)

La historia de mi maratón de Nueva York comienza con un tranquilo paseo, a las 5:30, desde el hotel, en la calle 34 con la avenida Lexington, hacia la New York Public Library, en la Quinta Avenida, lugar de salida de los autobuses que nos habían de transportar hasta la salida, en Staten Island.

La maratón de Nueva York recorre los cinco barrios que forman la ciudad, el más conocido de los cuales es la isla de Manhattan. La salida está a más de 20 kilómetros, así que la organización se encarga de llevarte hasta allí desde varios puntos de la ciudad.

Iba tranquilo, disfrutando de esas madrugadas que tanto me gustan, convenciéndome aún de la importancia de tomarme la carrera con calma, como me había aconsejado todo el mundo, hasta que veo una fila interminable de autobuses a lo largo de la Quinta Avenida, todos con el cartel de línea “MARATHON”, y cientos de corredores que los van llenando de tres en tres… y no es hasta ese momento, después de tantos meses y meses pensando en esta carrera, preparando el viaje, en que me doy cuenta por fin de que aquello va a ser muy distinto de todo lo que había corrido hasta ese momento.

Disfruto del viaje buscando rascacielos y puentes conocidos. Además, empieza a amanecer y los colores mirando al Este son bonitos. Tras 35’ llegamos a Fort Wadsworth, en Staten Island, al otro lado del puente de Verrazzano. Docenas de autobuses, centenares, miles de corredores… pero ni un punto de duda: basta con seguir los regueros de atletas y las indicaciones de la organización. El que está perdido es porque quiere. Son las 6:35 de la mañana. Quedan más de tres horas para tomar la salida ¿Cómo me entretengo hasta entonces? Y la temperatura es de un grado.

Lo primero que hago es desayunar: un café y un bagel (que ni saben como nuestro café ni como nuestros donuts, pero es lo que hay). Me dan una especie de gel ideal para la carrera que debo tomar 15’ antes de la salida. No me sobra el sentido común, pero ni se me ocurre probarlo. Hay gente con sacos de dormir, otros dormitando cubiertos con mantas, unos bajo las carpas y otros al raso. Me paseo por la zona de montaje de sillas de ruedas cuando empieza a salir el sol, así que elijo un huequito de césped donde recibir sus rayos y pongo el plástico encima, me siento y me pongo a estirar durante… 1 hora. En mi vida había estirado tanto.

Entretanto la organización repite constantemente en cinco o seis idiomas la planificación y las normas a seguir: dejar bolsa hacia las 8:10, dirigirse a tu corral a partir de las 8:20 y en todo caso antes de las 8:55. Obedezco. En resumen, desde que dejas la bolsa hasta que tomas la salida queda alrededor de una hora de espera, en una zona bastante menos cómoda. Yo llevo dos camisetas extra y el gorro, pero se ve de todo. Hacia las 9:25, nos hacen avanzar desde el corral hasta la línea de salida. A mi me toca el carril inferior del puente (dos por arriba, uno por abajo). Unas 15.000 almas. Media hora después, otras 15.000. Y una hora después, los 15.000 restantes.

En la salida intento concentrarme en que solo vale disfrutar: me duelen los gemelos, las cervicales, todo; es imposible que haga la marca que sé que podría hacer en otro lugar. Ha sido una semana de patear calles, museos, tiendas y edificios durante todo el día. Pero no podía ser de otra forma porque Nueva York es fantástico, así que no hay nada que hacer. Solo disfrutar hasta que el cuerpo aguante. Y por si acaso albergaba la menor duda de que aquello va a ser formidable, tras oir por megafonía los nombres de la élite del maratón mundial (los Mutai, Gebremariam...) que está allí a 15 metros por delante, escucho (en inglés, claro) “Chicos, la ciudad de Nueva York os espera”. Pum. Y al compás del “New York, New York” de Sinatra, empieza el espectáculo.

No hace falta andar más de 3 ó 4 minutos para tener a la vista el formidable skyline de Nueva York. Ya sabéis cómo es ese momento en cualquier maratón, crees que no vas a tener problemas en recorrer los kilómetros que te echen. Subidón absoluto. Se acaba el puente de Verrazzano y entramos en Brooklyn. Empiezas a ver gente y eso que no es zona residencial, pero aquello va a más poco a poco y cuando te quieres te dar cuenta… la gente abarrota todo el recorrido.

Haría falta celebrar una maratón española 200 veces para juntar la misma cantidad de gente. Carteles a centenares. La mayoría para sus conocidos y amigos. Otros para sacarte una sonrisa: “Chuck Norris never ran a marathon”, “Bravo, chicos italianos, pero a quien nos gustaría ver aquí es a Berlusconi”… Y lo de las bandas de música es apoteósico: rock, jazz, rap… No olvidaré jamás el coro de gospel a la puerta de una iglesia (y yo que creía que había que ir a Harlem a oirlo). Banderas de todo el mundo en todo el recorrido. Por supuesto, buscas la tuya y la encuentras también. Como no llevo nada que me identifique como español (la camiseta del Complutum Triatlón no es suficiente) basta con una sonrisa para que te devuelvan todo tipo de ánimos.

Hay agua, Gatorade, médicos, urinarios cada milla. No falta nada.Voluntarios a espuertas. Hay detectores de paso cada milla (también cada cinco kilómetros). Así que no puedo controlar el ritmo (ni me importa mucho tampoco): estoy seguro de que ronda los 4 min/km. Y vaya si acierto: los primeros 5 km en 20:13, 10 km en 40:01, 15 en 1:00:04, 20 en 1:20:38. Sé que voy de paseo, pero también sé que se me va a acabar el paseo antes de lo que me gustaría. Me tomo el primer gel a ver si me sirve de algo.

El recorrido es exigente. No hay grandes cuestas, pero las subidas y las bajadas son constantes. Ya en Queens veo un pantallón gigante que lanza mensajes de ánimo a los corredores que acaban de cruzar un detector de paso. Y leo esto: “Ánimo Jim, tus compañeros de El Retiro están contigo”. El puente de Queensboro, que da paso a Manhattan se me hace eterno. El arco es tan pronunciado que no se ve el final hasta que llegas a la mitad. Pero ya no queda casi nada para la First Avenue (milla 16, algo más de 25 km.): si creías que en Brooklyn lo habías visto todo, ves que te equivocabas, que era verdad lo de que hay gente “five lines deep”.

La gente aplaude como si fuéramos alguien importante; en algún momento me acuerdo de lo que leí hace unos días “Enjoy the adoration”. Y me acuerdo de lo que me dijo alguien dos días antes: “Esta carrera no es para mirar adelante, no es para mirar el reloj, es para mirar a los lados”. Empiezo a dudar de que mi familia vaya a estar a la altura de la calle 86, pero como siempre, no me fallan. Llevo desde la 59 buscándolos. Allí está el cartel del “GO, DADDY” que prepararon mis hijos. Y mi bandera. Y cuando me acerco a darles un beso, veo que todo el mundo me anima. A la mierda los geles.
                                                                                                                         
Enfilo hacia el Bronx. No he llegado al 30 y estoy casi en la reserva: cada vez tengo menos fuerzas y las millas ya empieza a rondar los 7:00. Si no hubiera sido Nueva York, esta situación se produciría en el 37 o el 38 y ya solo habría que echarle huevos, pero me quedan 12. Km 32: otro puente para entrar en el Bronx, más cuestas. Se nota que el barrio es más sencillo, menos glamuroso, pero la animación es igual de fantástica. Veo gente con botellas de coca-cola de dos litros ofreciéndosela a los corredores, gente que lleva bandejas de pomelos, de naranjas y se las ofrece a los corredores… es emocionante la entrega de esta gente con los que se esfuerzan.

Cuando salgo del Bronx quedan ya pocos kilómetros, pero estoy en la reserva, y por si fuera poco la calle es la 138 y sé la distancia aproximada entre calles y calculo que tengo recorrer 80 manzanas hasta la 59 y me quedan... Lo que sucede siempre que no vas bien: pensamientos negativos. Pero no voy a parar, porque no va conmigo. Y porque si creía que lo había visto todo, es que porque no había llegado aún a Central Park. Allí me espera otra vez mi familia dejándose las amígdalas y allí está el clímax de la carrera. Tengo la impresión de que los cracks del ciclismo deben sentir lo mismo cuando escalan cualquiera de los puertos míticos de la Vuelta o del Tour.

El griterio es ensordecedor. Ya no va a parar hasta la meta. Hay corredores que hacen la goma, me pasan más que los que yo paso, pero yo no paro. Miro el reloj, hago malabares con millas, minutos, kilómetros y segundos y veo que voy justo para bajar de 3 horas. Y aunque me he repetido cuarenta mil veces que hay que disfrutar, ya es una cuestión de orgullo: ni estoy disfrutando de los últimos kilómetros ni voy a bajar de lo que yo considero razonable. Así que empiezo a tirar de riñones y a recordar lo grato que fue trotar por allí hace unos días.

En la calle 59, la música y el griterio no cejan hasta Columbus. Vuelvo a acercarme a 4 min./km. Curiosamente, quizá por motivos de seguridad, los últimos 300 metros se hacen casi sin gente, ya dentro de Central Park, hasta casi el final. O eso me parece porque ya sí que no miro hacia los lados, solo hacia los arcos de entrada, que aunque dibujan unos segundos más de tres horas, no me engañan: el tiempo neto es de menos de 3 horas: 2:59:37. Casi mi peor maratón, pero sin duda la que no olvidaré jamás.

Desde ahí, nos cubren a todos con una manta térmica de Finisher, nos ponen una bonita medalla (había dejado de apreciarlas) y nos entregan una “recovery bag” a la que no le falta nada (si acaso le sobra una bebida asquerosa con sabor a caramelo: es lo malo de este país, las porquerías que comen). Me encantaría tirarme al suelo, pero allí no dejan pararse a nadie. Todo el mundo nos felicita. Hasta en tres ocasiones me ofrecen ayuda: no debo ir muy sobrado (de hecho, estoy tiritando). Y aún queda caminar hasta la salida de Central Park en la calle 77 (me viene a la memoria John Lennon) y allí recogemos la bolsa de ropa, que buena falta me hace.

Fin del sueño de una mañana de otoño.

(Dedicado a mi mujer)

domingo, 9 de octubre de 2011

IV Media Maratón del Románico Rural


"Some days are better than others" (U2)

10:30, mañana fresquita, no creo que llegáramos a 200 corredores en la línea de salida entre las dos pruebas que se celebraban: la media maratóndel Románico Rural y una carrera popular de unos 6 km.

El recorrido es difícil de explicar: de Urés a Palazuelos, de Palazuelos hacía La Olmeda de Jadraque, sin llegar, damos la vuelta en plan trapecio y tras una recta muy larga volvemos a Urés, pero no nos quedamos: seguimos cuesta arriba unos cuatro kilómetros para descender luego tres hasta meta (mejor ver el mapa). Mitad zahorra, mitad asfalto. Lo que es fácil de describir es el perfil del recorrido: p'arriba, p'abajo, p'arriba, p'abajo, p'arriba, p'abajo...

A los tres kilómetros veo que tres o cuatro de los de cabeza se vuelven al pueblo: no caía yo en que estaban corriendo la carrera corta. De hecho, dudo qué hacer yo mismo porque el cartel indica "Carrera popular"... ¿Y yo qué estoy corriendo? Me centro y me quedo cuarto, y con un ritmo cómodo. Poco después oigo que me pisan los talones, pero no aprieto porque no llevamos ni 8 kilómetros y quiero subir las rampas finales con dignidad. Aún así, no me alcanzan. De hecho, en las pocas curvas que hay veo que la distancia con los que me siguen crece. Lo que también se me hace imposible es coger a los que van delante, que cada vez se alejan más.

Hacia el kilómetro 11 me sucede algo que no olvidaré: se me cruzan a unos 20 metros tres ¿corzos? al galope. Cosas de correr por el campo. Lástima no llevar cámara en las gafas o algo así.

A partir del kilómetro 14 empiezan las cuestas de verdad y se acaba la comodidad que llevaba. Hay cruces en los que dudo porque no veo flecha en el suelo y no hay nadie para confirmarme que hay que seguir de frente, pero afortunadamente no me pasa como en aquella maldita media de Aguilar de Campoo, en que a poco termino en Santander... Y venga cuestas... Incluso desde el km. 18 la bajada no es totalmente continua y hay pequeños repechos, pero nada de aflojar.

Aunque está claro que los que me siguen están lejos. En parte por eso me permito, a 30 metros de la meta, pararme para felicitar a mi padre por ser su cumpleaños (alguien me grita que no me pare ahora 8-). Dada la dureza del perfil, el tiempo no tiene mayor importancia (1:22:37). 

Lo mejor ha sido volver a pisar el podio. Aunque sea una carrera modesta, me sabe muy bien. Por cierto, café en la salida, avituallamiento cada 5 km., una camiseta muy maja, un tarro de miel, una muestra de jabón de laurel, clasificación en Internet... No digo más.

domingo, 2 de octubre de 2011

Trofeo Hipercor de Alcalá de Henares


"My heart going boom boom boom" ("Solsbury Hill", Peter Gabriel).

Me encanta salir de casa directamente con el disfraz de corredor. Me recuerda mi primera carrera... Calentando y conversando tranquilamente nos hemos llegado presi y servidor hasta la línea de salida. A eso de las 11:00 ya hacía un calor considerable. El Hipercor está más concurrido año tras año. Y con más nivel cada año, a pesar de que no hay premios.

En la salida, un minuto de silencio por el joven atleta complutense que falleció hace unos días (lamento no conocer su nombre; D.E.P.). Docenas de caras conocidas: amigos, foreros de elAtleta.com y compañeros del Complutum. El recorrido, el mismo del año pasado. Afortunadamente: con los años que ha costado que tuviera 10 kilómetros bien medidos, como para cambiarlo.

He salido quizá más fuerte de lo debido, o tal vez no, porque no he mirado apenas el reloj. Simplemente hacia el tercero he decidido que había que relajarse. En la Puerta de Madrid y en los Santos Niños, como siempre, la familia pegando gritos. Relajarme un poco hasta el km. 6 me ha servido para hacer hasta el km. 8 controlando y apretar en los dos últimos, que han caído a 3:30.

Al final, 35:50, ritmo 3:35, 641 purdies, puesto 18, 9º veterano, sensaciones formidables y pensando ya solo en NY.

domingo, 11 de septiembre de 2011

IX Chiloeches - La Celada



Aunque el nombre oficial sea Carrera Popular Villa de Chiloeches - La Celada, lo suyo sería llamarla La Celada - Villa de Chiloeches. Y es que, una vez inscrito, un autobús te lleva hasta una pequeña urbanización situada a unos tres kilómetros de Chiloeches. Allí se da la salida y se recorren 10 kilómetros mixtos tierra-asfalto hasta Chiloeches.

Salvo los primeros metros, la primera parte de la carrera es en leve descenso. Hasta que a los 4 kilómetros, al cruzar la carretera, se acaba lo bueno. A partir de ahí es todo leve subida. Hay avituallamiento suficiente (agua en dos puntos y esponjas en otros dos). A los 7 kilómetros se entra en Chiloeches y se hace una especie de espiral: subida a lo alto del pueblo, cruce de calle de Mayor, bajada otra vez y vuelta a subir por la calle Mayor. La foto es de la cuesta final.

Cuando llegué el termómetro marcaba 32 grados y al volvernos 27. Vamos, calor. Hice 38 minutos y pico, pero creo que le faltaban metros. En fin, lo importante es que me sentí bien. Menos de 150 corredores. Desde el comienzo los cuatro galgos de cabeza se fueron como motos. Mantuve a vista toda la carrera a un viejo conocido delante de mi, así que fui sexto buena parte de la carrera hasta que en el kilómetro 6 me pasó un chaval y en ese puesto me quedé hasta el final. Lástima que no hubiera categoría para veteranos.

Decidí participar el día antes. De haberlo previsto antes no me hubiera metido media maratón a 4:20 el día antes (con los niños en bici detrás para achucharme 8-). Por esto y por las cuestas, considero bueno el tiempo. Además, fue el estreno de la camiseta con la que correré en NY.

En Chiloeches, bastante animación (están en fiestas) e incluso Ricardo Serrano animando. El avituallamiento, muy bien. La inscripción eran cinco euros, todavía lejos de mi precio objetivo máximo (1 kilómetro, 1 euro), aunque me comentaron que hasta el año anterior era gratuita.