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jueves, 25 de mayo de 2023

Ironman de Lanzarote

Muy especial este Ironman (el séptimo). Los españoles tendemos a pensar que todo lo de fuera es mejor. Pero el hecho es que con todo lo inolvidable que fue hacer el de Hawai, el de Lanzarote no puede tenerle ninguna envidia. Quizá uno ya tiene asumida toda la (compleja) logística de llegar con una bicicleta, montarla, registrarte, hacer el check-in, la parafernalia de cualquier triatlón, etc. pero me ha resultado muy fácil todo y hasta cómodo.

Incluso el problema que tuve (afortunadamente el día antes) se resolvió en media hora: se me rompió el cable del cambio trasero. En algún otro Ironman hubiera dado igual, aquí equivalía a no poder ni empezarlo casi, pero en 20 minutos estaba totalmente resuelto por los chicos de Shimano.

En lo deportivo, no me puedo quejar, salió todo lo que había dentro, que es la clave para sentirse contento y feliz. La natación fue una balsa, en un tiempo, 1:21, que hubiera firmado antes de empezar sin dudarlo. Circuito perfecto, sin posibilidad de desorientarse: siempre se veían dos o tres boyas detrás. La bicicleta, fantástica, a pesar del viento (que resulta que era de los mejores años que se recordaban), del calor (que como se nubló un poco, no fue molesto, así que dando gracias) y de las cuestas (2.500 metros de desnivel, esto sí era peor que otros años, me dijeron). Inolvidables los paisajes, de una hermosura sin igual: mejor incluso que los de Hawai. Los enormes campos de lava, los múltiples volcanes, la vista de "el río" y La Graciosa, los preciosos viñedos excavados en las coladas de lava... subir pendientes del 12% y volar cuesta abajo (83 km/h... señor Jesucristo). Y el maratón, duro pero cómodo, sin circuitos ratoneros. Lamentablemente, donde mejor suelo hacerlo es donde probablemente lo hice peor. Aún así, puesto 15 de mi GG.EE. Pero con momentos bonitos, como cuando me acompañó Julián, un crack con el que estuve en en Kona el año pasado.

Pero si me he decidido a desempolvar el blog es sobre todo porque después de recoger mi medalla (3 de 6 objetivos conseguidos), tomar algo con los compañeros, recibir unos masajes, ducharme y cenar, nos fuimos a meta -por primera vez- a vivir el Ironman hasta el final, 17 horas después de meternos en el agua. Y aluciné. No sé decir quién, con el corazón en la mano, tiene más mérito: si los que llegan en poco más de ocho horas o los que llegan en casi 17 horas. Un espectáculo inolvidable, en español y en inglés, con la música perfecta, viendo llegar a gente destrozada que se animaba a correr durante unos poquitos metros de gloria vitoreados por los que allí quedábamos. Por supuesto, yo llevaba mi camiseta de finisher y algunos (siempre extranjeros) me preguntaban qué tiempo había hecho, me daban la enhorabuena... Y, por fin, lo que quería comprobar: allí estaba la ganadora, Lydia Dant, esperando al último finisher para ponerle la medalla. Al día siguiente, la noticia deportiva eran los insultos racistas a Vinicius. Pero no es noticia semejante muestra de deportividad: que el primero espere al último. En fin, es lo que hay.

Y por si semejante espectáculo fuera poco, cuando por fin todo terminó, suena el "What a Wonderful World" de Louis Armstrong. Malditos americanos, puñeteros reyes del espectáculo, igual que en la salida del maratón de Nueva York con la voz de Sinatra y la postal de Manhattan al fondo. En fin, no pudimos irnos hasta que terminó la canción... la piel de gallina.

sábado, 31 de diciembre de 2022

Resumen de 2022

Se acaba 2022. Un año extraordinario en lo deportivo. Yo pensaba que 2020 y 2021 habían sido únicos, pero me equivoqué una vez más (de esas veces que da gusto equivocarte).

Empezamos en febrero, corriendo un año más el cross de mi universidad en mi formato preferido: ¿por qué no hacer un par de horas de bicicleta de carretera antes? Bueno, bonito y barato. Repetiremos en 2023.

Después vino el duatlón de media distancia del Jarama. Subcampeón de Madrid y rodeado de compañeros. Intentaremos repetir en 2023. Una semana después tocaba darlo todo en el campeonato de España (Soria), pero me lesioné entre semana y aunque no tenía sentido, tomé la salida... para abandonar enseguida. También intentaremos repetir en 2023, aunque será una semana antes en Híjar (Teruel). Eso sí, no creo que los torreznos que nos comimos puedan superarlos en la provincia aragonesa.

El segundo fin de semana de marzo hicimos la primera brevet del año, 200 km. Al lado de casa. Afortunadamente la lesión solo limitaba en la carrera a pie. Eso sí, y por esa razón, al día siguiente hice un trozo de media maratón de Alcalá y me fui para casa. Quince días después hicimos la segunda brevet del año, 300 km. Durísima, y no tanto por la distancia como por el viento a la ida. Hubo que celebrarlo, aunque fuera en un Burguer King.

El 14 de mayo nos fuimos un buen grupo del club a hacer el half de Pamplona. Sabía que lo había hecho al 100%, pero no fue hasta un buen rato después de llegar que supe que era subcampeón de España de mi categoría. No me lo creía: momentos así no tienen precio. Aunque siempre acabo pensando lo mismo: ¿y si nadara bien? Quince días después tocaba hacer el olímpico de Pareja y una semana después el half de Vitoria. Lógicamente todo ellos preparando el Ironman. Muy buenas sensaciones de nuevo, sobre todo corriendo.

El 26 de junio nos fuimos hasta Niza en un viaje épico. Ya lo he contado. El Ironman empezó mucho antes, como si el destino no quisiera que estuviera allí. Pero allí hice sonar la flauta lo mejor que sabía. Y sonó. Me acababa de buscar un problema, pero ahora me alegro de habernos metido en un lío así. Eso sí, antes de nada, una semanita después había que terminar una última brevet, de 600 km. Conocí gente fantástica. Pocos, pero muy bien avenidos. Y se hizo, objetivo cumplido, con lo que presumiblemente estaremos en la salida de la París-Brest-París en agosto de 2023.

El lío también lo he contado: 2 de octubre, maratón de Londres y 8 de octubre, Ironman de Hawai. Prepararlo fue una odisea, hacerlo fue un disparate, pero como casi todo lo que cuesta conseguir, valió la pena. Uno no trabaja y consigue puesto en la línea de salida de algo que incluya la palabra "World Championship" para no estar un ratito con los mejores. Por la prueba, por el resultado y por la fantástica compañía de José y familia.

Tras un descanso relativo volví este mes de diciembre a la actividad, con nuevos retos e ilusiones para 2023. Y ya el pasado 22 conseguimos algo inédito: mamá y papá (mi señora y el que escribe) subimos a los podios de nuestras categorías respectivas. Menudos garbanzos nos llevamos para casa. Pero sobre todo una vivencia inolvidable.

Y terminamos el año corriendo la Vallecana. No tengo claro en qué año corrí por primera vez allí, pero va camino ya de los 30 años. He buscado entre los papeles que guardo y aunque no he encontrado nada (pero recuerdo la invitación a cava de Solana) sobre aquella primera vez, sí he encontrado mi mejor registro en la Internacional (35:55, puesto 170). Ni me acordaba; realmente tengo mis dudas de que estuviera homologada por entonces, pero da igual: a pesar de los años, tengo el privilegio de seguir haciendo lo que me llena. Porque esta noche estaré allí. Y eso, no tiene precio.

Que 2023 os traiga todo lo que deseáis y merecéis.

domingo, 8 de julio de 2018

Ironman de Frankfurt

Find your name!
Pocos días después de terminar Zurich en 2017, junto a la estación del tren cremallera de St. Gervais, el que sube al Mont-Blanc, me inscribí en Frankfurt. Un año con un objetivo único: mejorar sustancialmente mi marca personal. Había que intentar mejorar la natación y ser mejor ciclista. Y eso es lo que he intentado lograr durante un año, con algún éxito, creo yo. Pero no conseguí el objetivo, y aunque solo hayan pasado dos días, el resultado es es que tanto esfuerzo personal y familiar parecen inclinar la balanza del lado del “para ya un poco, majo”.

Ciertamente ha sido un año cuajado de pruebas de las que no corría nunca: la cicloturista Nor3xtrem, el campeonato de Madrid de duatlón 10-40-5, el campeonato de España de duatlón sprint por equipos, los medios de Guadalajara (campeonato de España de media distancia), Valencia y Logroño, para terminar con el Ironman de Frankfurt (campeonato de Europa). Y es así, midiéndote con los “buenos”, cuando te pones realmente en tu sitio: un buen baño de realidad nunca viene mal.

Con Frodeno
Viajamos a Frankfurt el viernes, de madrugada. La bicicleta y el material los habíamos mandado por carretera, así que el viaje fue muy cómodo. El hotel, perfecto, a unos cientos de metros de todo el sarao deportivo. Esa misma tarde recogemos la bicicleta, dorsales, etc. y acudimos a la cena de la pasta. El sábado por la mañana nos vamos a la T2 a dejar las zapatillas y por la tarde a la T1 para dejar las bicicletas, subidos en plan sálvese quien pueda en autobuses urbanos. Allí memorizamos el recorrido y nos hacemos una foto con un chaval bastante simpático que, según me dijeron, ha sido campeón olímpico y campeón mundial.

Nos volvemos al hotel a descansar un poco y después nos vamos a cenar al restaurante Ruccola. Un helado de postre y, aunque es pronto, toca descansar. Acaba costando un poco porque esa tarde jugaban los croatas y ganaron. Y en Croacia debe ser costumbre tocar el claxon hasta que explota o bien la policía te pegue un tiro.

Falta José Luis
A las 4:00 ya estamos arriba, listos para desayunar. Y a las 5:15 cogiendo el autobús hacia la salida. Revisamos la bicicleta, inflamos las ruedas, lo dejamos todo preparado y cuando ya estoy listo caigo en que no me he echado protección solar: bravo. Ya he entregado la bolsa, no hay tiempo. Los pros salen 10 minutos antes. Hay rolling start, y como estamos al final, tardamos bastante en salir. Las idas cómodas, las vueltas con el sol de cara. Por primera vez nado constante, adelantando más que gente de la que me adelanta, y solo me desoriento de verdad una vez (el sol) y tengo que hacer un ángulo recto de 30 ó 40 metros para no saltarme la última boya triangular. 1:13 no es lo que buscaba, pero mejora varios minutos a los tres IM anteriores. Buena noticia.

Seis minutos y poco de transición (la media es de más de siete) y a pedalear. Desde bien pronto se le empiezan a ver las orejas al viento. Yo voy bien, no tengo ningún problema, pero no se puede ir tan deprisa como me gustaría. El recorrido es muy alemán, hay animación en algunos pueblos, pero solo es real al pasar por el pueblo de la calle empedrada (sobre todo porque suena Aerosmith) y en el paso intermedio por Frankfurt. Eso sí, es un Ironman: bien señalizado, bien avituallados… y bien amonestados los que vi amonestar. Como siempre, ves personajes curiosos: la fauna IM. Hacia el 170 veo a Nico, que está de pie al borde de la carretera y me dice que está bien y que no me preocupe… Increíble la experiencia, pero que lo cuente él, porque da para un libro. Solo puedo decir que es un orgullo solo conocerle. Por si fuera poco el viento (hasta estoy orgulloso de la media de 31 km/h.) son 185 kilómetros (estábamos avisados), así que cuando llego a la T2 ya llevo casi 7 horas y media y pierdo la ilusión de bajar de 10 horas y media.

Llegando ya...
Menos de tres minutos en la T2 (la media era de cuatro) y a correr por la ribera del Main. Allí están todas nuestras mujeres y algunos pequeños, pasando de un lado al otro del puente y dándolo todo por animarnos. Deben ser cerca de las 14:30 cuando empiezo a correr. Hace calor, estoy cansando y desmotivado, esa es la verdad.  Pero hay que seguir y, sobre todo, no parar. Me avituallo según lo previsto. En la última vuelta Bego me grita que el equipo de nuestra hija ha ganado la final del campeonato de voleibol de Espinho categoría sub 18… cómo me conoce: no hay gel que se compare a escuchar eso. También en las dos últimas vueltas me acompaña un rato Carlos, un compañero de Maratid que ahora trabaja y vive en Frankfurt (gracias, tío: lástima no estar de mejor ánimo y hacerte sudar un poco más). Me deja a 500 metros y voy entero, así que busco brazos con pulseras rojas (última vuelta) para que no me quiten ser el protagonista de ese momento indescriptible que es entrar en el corredor de la gloria donde gritan tu nombre y le recuerdan a todos que eres finisher, poniendo así el broche final a tantísimo esfuerzo.

La familia Complutum en Frankfurt
Gracias Rober por ser tan sencillo cuando es evidente que eres mejor que muchos élite, gracias Ángel y Julio por vuestra determinación para llegar a pesar de los obstáculos (aunque en carrera Ángel me dijera que era el último, todos sabemos que no lo va a ser), gracias José Luis por compartir la frustración de la natación, pero también las risas de resignación y sobre todo la gloria de llegar casi juntos, y gracias Nico por enseñarnos qué es ser una buena persona, sin matices. Pero sobre todo, gracias a nuestras mujeres por regalarnos tantas horas de su tiempo durante tantos meses, por pasar tantas horas de pie animándonos a seguir cuando a uno le entran ganas de parar y esta vez, en especial, por seguir aguantando a estos imbéciles que ni siquiera os sacan una cerveza después de teneros tantas horas esperando. Supongo que fue tanto el esfuerzo que entre los seis no sumamos uno. Pido perdón.

Cuatro veces IM finisher ya, resultados deportivos parecidos y, curiosamente, las sensaciones que me han dejado cada IM se parecen como un higo a una castaña. A base de tropezar, uno va aprendiendo, y este lo había preparado mejor que ninguno de los anteriores, por lo que quizá me había hecho unas expectativas sin base y me ha quedado este mal sabor de boca; pero se me pasará, seguro. Siempre que he dicho que era el último maratón que hacía, sabía que era mentira. Con el Ironman no es diferente, pero creo que el año que viene prefiero descansar y buscar retos diferentes (en paralelo a un triatlón más humano, eso sí). Diría que ahora toca descansar, pero en septiembre toca recorrer el bulevar Unter den Linden por debajo de tres horas 8-), aunque esa será otra historia...

domingo, 10 de junio de 2018

Valencia 113


El objetivo deportivo de este año tendrá lugar, Dios mediante, el 8 de julio en Frankfurt. Cruzo los dedos. Tras la experiencia del año anterior, en lugar de buscar un medio a tres semanas, decidí participar en el de Valencia, a cuatro semanas. Así que reservamos un hotel cerquita de la zona cero y para ya que nos fuimos el sábado por la mañana con todos los bártulos.

Me había tomado la semana con calma para no poder echarle la culpa al cansancio: para no poder ponerme excusas, vamos. Y según el resultado, mirar al día 8 con unos ojos u otros. Después de comer, descansar un poco del viaje y ver la prueba de relevos de Nottingham, nos vamos a recoger dorsal y dejar la bicicleta. Muy chulo el maillot Viator, por cierto. Allí me encuentro con Rubén Espinosa, que también va a hacer el half. Y como comprobé al día siguiente, con un tiempo formidable (cómo ha mejorado el chaval). Y también me encuentro y charlo un rato con Ramiro Lahera (el presidente de la Federación Madrileña de Triatlón). Resulta que estamos en el mismo G.E., así que "acuerdo" con él en que me ganará en la bici y yo le pasaré corriendo 8-).

Por la noche, cena en la pizzería “Viva Napoli”, muy recomendable. Por cierto, si se va en grupo, pizzas de medio metro y metro entero para compartir. Y babà de postre (dulce napolitano). Muy agradable pasear por Valencia a esas horas y en estas fechas. Tras el paseo nocturno, a ultimar detalles y descansar.

Boxes
Domingo, 5:30, para arriba. Un desayuno suave y a dejarlo todo en boxes. Fauna nocturna abundante por todo el paseo: imagino que para ellos los raros somos nosotros, pero ver a un individuo hecho y derecho dando saltos a las seis de la mañana por una playa gritando que es la reina de los mares, no me parece buena forma de empezar el día, ni de acabarlo. Ya en el box, susto matutino, para variar: la rueda trasera en el suelo. ¿Pinchazo o es que al desinflarla el día antes me dejé el “pitorrito” de cierre abierto”? Decido inflarla, veo que se mantiene, me voy al hotel a por el neopreno y a ver dentro de 20 minutos cómo está. A la vuelta, la rueda parece no haber perdido presión, así que me voy menos preocupado al agua a mover un poco los brazos. Neopreno permitido para todos. Agua fresquita, ma non troppo.

A por la bici
La natación, como todo este triatlón, es a una sola vuelta. Para alguien que empieza lento y acaba rápido es lo mejor que te pueden decir. Me gusta saber que si adelanto a alguien gano una plaza y que si me adelantan la pierdo. En los triatlones habituales no tienes esa información, sobre todo en la carrera a pie. Creo que es la primera vez que hago uno de larga de distancia así. Pierdes animación, cierto, pero yo lo prefiero. El mar está muy tranquilo, afortunadamente. Aunque no disfrute nadando en tropel, ya no lo paso mal en el agua, como me sucedía al principio. Somos los últimos en salir (después vienen los del olímpico), así que buena noticia: todo el que supere, al menos hasta la última boya, donde nos juntamos con los del olímpico, está detrás. Me da la sensación de que estoy nadando “no tan mal como siempre”. Y visto el tiempo final (33:33) y la posición relativa después (en la mitad), lo confirmo.

Entrando a T2
Contento con la transición, supongo. Salgo con las zapatillas caladas y se lía una buena montonera porque la gente se tiene que subir tres metros después de la línea, aunque luego tarde 20 segundos en arrancar. Me alejo como puedo y me subo bien. El problema es calarse las zapatillas por un carril bici flanqueado por bordillos y rodeado de montones de ciclistas (nos mezclamos los del half con los del olímpico), pero sin percances. El recorrido en bici es muy rápido. A la ida el viento molesta y vas subiendo, pero aún estás fuerte. Mi velocidad media hasta el kilómetro 31 es de 30 km/h. Aún siendo un recorrido de subir y bajar, las rampas son cortas. El supuesto puerto pasado Náquera no es tal (conocido como Gran Premio de Náquera...) o yo no me entero ni de que existe. Eso sí, es verdad lo que comentaron en la charla técnica: el paisaje de la sierra Calderona es muy bonito para ser la costa. Cuando me entero de que he llegado arriba es cuando veo que empiezo a bajar, con el aire medio de lado, medio de culo. Y ya no hay mucho que contar: velocidad media, más de 36 km/h. Por cierto, que es el único tramo donde pierdo algunas posiciones (6). Afortunadamente no ha llovido, como esperaba todo el mundo.

Terminando
La T2 la hago bien, creo yo, y a correr. Me siento entero y como a mi edad ya me hago una idea de lo que es un medio maratón llano (¿cuántos habré corrido en mi vida?), desde el primer metro decido controlar el ritmo. A Ramiro le paso en carrera, todo según lo planificado (lo siento, presidente). El recorrido es demasiado “urbano”; la gente no molesta, pero bicis y viandantes compartimos trazado. Aún así, avisados como estábamos en la charla técnica, me parece hasta bien. ¡Ah! otra humorada de la organización: por lo visto, se cronometran cuatro tramos y dan un premio (The Walking Dead) al que porcentualmente más baje el ritmo. Desde el principio tengo claro que es un premio que no me voy a llevar. De hecho, la segunda mitad la hago solo 27 segundos más lenta que la primera 8-) y paso a 72 triatletas. Hora y media para 21,1 kilómetros (bien medidos, por cierto).

Buen tiempo final: 4:34:00. Sin olvidar que solo eran 82 km. de bicicleta, no está mal.  Avituallamiento rápido y para el hotel, donde han tenido el detalle de dejarnos la habitación para poder ducharme. Al bajar, Bego me da la buena noticia: tercero de mi G.E. así que una muesca más en el revólver. Como curiosidad final, aunque sabía que se hacía en algunas partes, nunca había visto el bonito detalle de que los jueces haciendo el pasillo al último en entrar.

Pasillo al último finisher


domingo, 30 de julio de 2017

Ironman de Zurich

Más de 160 kilómetros nadados, cerca de 5.000 en bicicleta y casi 1.000 corriendo. Con la misma ilusión desde el día que empiezas, cuando madrugas para meterte en el agua a las 7 de la mañana, cuando haces malabares para encontrar horas de bicicleta cada fin de semana o juegas al sudoku, como dice José, para encajar tus entrenamientos de carrera con el resto de tu vida. La misma ilusión durante meses, hasta que dan la salida y te metes en el Zürichsee y ya no hay posibilidad de cambiar nada, la historia es la que ha sido y no otra. Da igual que hayas dado lo mejor de ti porque la suerte está echada. Si algo se tuerce, tienes que asumirlo y poner buena cara, porque esto no son matemáticas, porque esto no es lo más importante del mundo y, sobre todo, porque los demás no tienen por qué aguantarte tus lamentos.

El IM de Zurich no salió como yo he estado soñando durante todo el año. Pero no me importa; es más, dejaría esto antes que dejar de soñar cada día. Y además ¿de qué me puedo quejar yo este año? Segundo en Sevilla, primero en Madrid y primero en Guada. Momentos inolvidables rodeado de mi familia deportiva. Seguramente cometí errores, pero aprenderé de ellos y lo haré mejor a la siguiente. Para los de a pie, solo sirve "buscar la suerte", sola no va a llegar.

Con Julio
La natación de este IM tiene un recorrido muy claro (muy suizo). La salida es del tipo rolling start. Me puse al principio del grupo de 1:10 a 1:15 y no lo pasé mal (algún golpazo que otro, lo normal), pero salió como siempre: mal. No sé si algún día nadaré medio bien. Me dicen que fueron 4.000 metros y que salí a la mitad del pelotón, pero no me sirve para mis objetivos. Me llevé algún par de golpes de los buenos y en cada boya del tramo largo pensaba que girábamos hacia meta, pero no cedí en ningún momento. De verdad que en la bicicleta me dolían los brazos, no pude nadar mejor. Aún así, mi preocupación era hasta qué punto estaba recuperado del bajón de la semana anterior, cuando a los 500 metros me tenía que parar a respirar. Y la natación la superé sin mayor agonía. No hubiera firmado el resultado, pero salí aún entero.

La mejor animación del mundo
La T1 supongo que normal (siempre hay alguien que te pregunta que qué hace con la bolsa azul). El recorrido de bicicleta es simplemente precioso, con vistas de los Alpes, todo verde, mucho avituallamiento, etc. Seguro que se disfruta un montón paseando, pero no tanto cuando a los 180 kilómetros se le añade el calor, la humedad, las cuestas (nada que no supiéramos) y el viento, de cara la mayor parte del tiempo. Supe que el cuerpo no estaba recuperado al empezar a bajar hacia Zurich la primera vez, km. 70. Había comido y bebido, pero iba muerto. Como Bego me esperaba en la colina, estaba resuelto a pararme, llorarle un poco y pedirle perdón por tirar a la basura tanto sacrificio. Pero llegas a esa colina y te sientes Dios. Brutal. Y con nuestros nombres escritos en el suelo por nuestro dream team de supporters. Me dio vergüenza, no dije nada, apreté un poco y seguí para adelante. Nada iba a cambiar, pero no se merecían ni un lamento. En la segunda mitad dejé de mirar la media. Ya sabía lo que estaba pasando. Se me pasó (sinceramente) por la cabeza la idea de pararme, descalzarme y tirarme al lago para refrescarme. Daba igual ya, todo iba a ir a peor. Pero no lo hice, claro. Menos mal que no lo hice. Vuelta a subir, vuelta a bajar. 81 km/hora en la superbajada: no brain, no fear. En algún momento perdí el bote de herramientas. Lo que me faltaba ya: pinchar y no poder arreglar el pinchazo. Y en algún otro momento, perdí las sales. Y en algún momento más me atacó una avispa, que tenía muy claro que en mis labios había azúcar. En fin, que todo puede empeorar llegado el caso. Pero seguí apretando los dientes, con más corazón que otra cosa, y llegué de nuevo a Zurich, colina (esta vez sin apenas animación, claro) y vuelta al Landiwiese. Por cierto, finalmente me decidí a, por primera vez en competición, bajarme descalzo en marcha. Quería ganar unos segundos más Lo había ensayado varias veces, así que no salió mal del todo.

Llegada
Bien la T2, creo yo. Pero claro, 30 grados, humedad, muerto y a por un maratón. Todo muy racional, muy de sentido común, de lo que siempre presumo. Sé que esto no va a ser Niza ni por asomo. Y allá que vamos, sin cronómetro (lo paré y solo miraba el reloj para ver si llegaba a la cena). El recorrido es más bien feo e incómodo. Cuatro vueltas con cuatro pasos subterráneos cada una. Eso sí, la organización, perfecta, recorridos cerrados, avituallamientos constantes y sin que faltara nada, animación razonable, nuestros familiares coreando cada paso. Muchos españoles y muy majos. Especial agradecimiento a los fans del Clavería, que también nos animaban (como los nuestros a ellos, faltaría más). Fui poco a poco, más lento en cada vuelta, pero como siempre, sin parar (a pesar de todo, segundo de mi categoría, esta vez no fui primero, bastante hice 8-). Al final, poco más de 11 horas. Decir que aunque el tiempo sea de pena, estoy orgulloso es poco. Estaba al 80%, pero me aseguré de dar el 100% de ese 80%.

Podio de clubes
Mis compañeros tuvieron suerte desigual: Rober brilló, como siempre (segundo en su categoría, delante de algunos pros); y José también lo hizo. José Luis sufrió, pero terminó su primer IM: ahora saber lo que es esto, y espero que vuelva porque tiene clase de sobra para hacerlo más que bien. Nico tuvo que abandonar (no era su día) y Ángel y Julio tuvieron que aflojar porque sus estómagos tampoco tuvieron el día. Respuestas diferentes de grandes deportistas a una prueba extrema. La dureza era tal que hubo que enviar a toda la armada para conseguir, a pesar de todo, un éxito más. El IM de Zurich causó bajas, pero nos reconoció una victoria: segundo club clasificado en la división III de clubes Ironman. Lo que nos clasifica para el campeonato de Europa del Este y África (EMEA). Supongo que es otra estrategia comercial de la franquicia Ironman y que no tiene mayor importancia que la que se le quiera dar, pero yo pude subir a recoger nuestra ovación con el mejor deportista que conozco. Me da igual si suena ñoño, ridículo o insincero, para mi no lo es. Y ojalá hubieran estado mis otros cinco compañeros para redondear la foto, porque esta la imprimo y la cuelgo donde se vea bien. 

El único momento malo de toda la aventura fue oír decir a Rober "Nein" cuando dijeron su nombre en la asignación de slots para Hawai. Qué pena no tener más calidad, haber conseguido slot yo también y haber viajado juntos. Hubiera sido... uf. Seguiremos intentándolo, que es lo que mismo que decir que seguiremos soñando.

domingo, 23 de julio de 2017

Seis años

Se acerca el objetivo de esta temporada, que es el más ambicioso que jamás me haya planteado nunca. Desde el domingo 19 de junio de 2011, día en que terminé mi primer triatlón (sprint), han pasado ya seis años. He ido dando pasitos cortos y, aunque los años se noten, estoy seguro de haber mejorado cada año. A una semana de la prueba, el objetivo está rodeado de pequeños y no tan pequeños contratiempos, pero que no van a evitar que cruce la meta el 30 de julio en Zurich. De ninguna manera.

Siempre he dicho que lo importante es el camino. Suena a disculpa o a excusa anticipada, lo sé, pero lo he dicho hasta cuando se me ha dado bien una prueba. En estos seis años he aprendido, corroborado o penado lo que no está escrito. Toca escribir un poco de ello.

Half de Sevilla 2017
En estos seis años he aprendido a dejar de caerme por llevar calas, pero también he aprendido que un resalte en el asfalto puede dar al traste con todo el trabajo y la ilusión de seis meses.

He aprendido que para nadar bien hay que dar patada, extender el brazo, arquearlo, levantar el culo y unas cuantas docenas de cosas más, aunque aún no haya conseguido hacerlo todo junto.

He aprendido veinte mil cosas sobre la bicicleta: la presión de inflado, la altura o el tipo de sillín, qué es una brevet, cuándo una cubierta está desgastada, cómo sacar la rueda trasera de mi cabra (que no es cuestión baladí)...

He aprendido, aunque tardé más de la cuenta, que en cualquier prueba que tenga la palabra ironman hay que comer, comer y comer, y que si no lo haces, no llegas.

He aprendido que cualquier detalle te puede arruinar un objetivo, pero he vuelto a comprobar que sé levantarme y correr un maratón en poco más de tres horas.

Half Villa de Madrid 2017
He aprendido que meterte a las siete de la mañana en el agua es muy duro, pero que gracias a la natación no he tenido problemas de cervicales en los últimos seis años.

He aprendido que cuando bajas en invierno a Aranzueque, el cambio sí funciona, son tus manos las que no responden.

Ahora sé que uno puede aprender todo esto por su cuenta, pero sin duda hacerlo con un gran club detrás como es Complutum Triatlón lo hace mucho más fácil.

He comprobado prueba tras prueba que no es lo mismo cruzar la meta sin conocer a nadie que ver a mi mujer, a mis hijos, a mis compañeros o a sus familiares aplaudiendo incansables desde la barrera.

Half de Guadalajara 2017
En Sevilla este año aprendí además que uno puede llegar el último y sentirse la persona más afortunada del mundo.

He aprendido que muchos triatletas de élite no participan en categoría élite. Lo sé porque nado con ellos y me sacan los domingos por la mañana.

Repito que sé que todo esto suena a excusa, pero lo que he aprendido, y conseguido estos seis años, especialmente este último, ya no me lo quita nadie.

En Zurich y espero que por muchos años más seguiré aprendiendo, creciendo y disfrutando con este deporte y con este mi club. En una semana voy a correr rodeado de seis triatletas formidables. Sé que los voy a tener delante todo el tiempo. Mejores liebres es imposible tener. 

Ojalá no les coja, porque eso querrá decir que han tenido problemas. Ojalá entre justo detrás de ellos, porque es querrá decir que he conseguido mi objetivo.



sábado, 27 de agosto de 2016

Half de Guadalajara

Nunca harás un half sin aprender algo nuevo.

Estoy seguro de que nunca había preparado con tanto cuidado ninguna prueba como el half de Guadalajara de este año. Mi forma no era la mejor el sábado pasado y ya sabíamos todos que no iba a ser fácil, pero fue mucho más duro de lo previsto. Hace muchísimos años alguien me enseñó que cuando haces una barbaridad como un maratón, corres el peligro de perderle el respeto. No creo que sea mi caso, pero todas las expectativas se fueron al garete nada más salir del agua.

11:30. Salimos en el autobús camino de Pareja, con la inestimable enciclopedia del triatlón que es Jorge como compañero de viaje, que hizo que se me pasara el viaje sin darme cuenta. Llegamos y buscamos una pequeña sombra para comer todos. Con total tranquilidad, coloco cada cosa en su sitio, reviso cada detalle y me voy a dejar la bolsa en el guardarropa. Me avisan de que el neopreno no está permitido. Sonrío y bromeo: ya sé que no los aparento, pero yo tengo 51.

14:30: Inicio el camino hacia la playita de salida. No me doy cuenta, pero me estoy quemando la planta de los pies. Una vez allí, me pongo el neopreno e intento refrescarme un poco, pero enseguida nos salimos del agua porque la salida de las chicas, 5 minutos antes que la nuestra, es inminente. Pero la salida se retrasa un rato porque la Guardia Civil no termina de dar el visto bueno para comenzar. Todo esto con el neopreno puesto. Llega nuestro momento, me pongo atrás, como siempre, y a nadar. Muy cómodo, sin agobios, sin peleas, motivado… 36:29 para 1.900 metros puede parecer mucho, pero por primera vez en mi vida veo muchas bicicletas en boxes. Y es que no he salido de los últimos. Sí, llevo neopreno, pero sé que no es solo eso. Subidón.

Subidón breve, porque en cuanto empiezo la T1 noto que algo me pasa. Simplemente: no tengo fuerzas. No pasa nada más (y nada menos): no tengo fuerzas. No tiene ninguna lógica, aparentemente. Estoy vacío nada más salir del agua. Sorpresa: “¿Y ahora qué hago?”, ¿Qué está pasando aquí?”. Nunca me ha pasado nada igual. Desde el primer metro de bicicleta hasta que terminó la subida de Lupiana, todo son pensamientos negativos: “No puedo llegar así”, “¿Cómo se retira uno en un triatlón?”, “¿Cuándo va a dejar de pasarme gente?”, “¿Me cogerá el coche escoba?”, “Maldito viento caliente bajando el valle de San Andrés”, “Maldito viento caliente bajando desde Brihuega”, “¿Cómo puede ser tan larga la subida hacia Lupiana?”… En los avituallamientos me inflo de agua, me obligo a comer, no dejan de pasarme ciclistas, pero no me importa, solo quiero a llegar a Guada, pero durante casi tres horas me parece imposible que luego pueda correr…

Al final de la última subida aparece Ángel y con su cencerro y sus ánimos me saca la primera sonrisa. Junto con el litro de agua del último avituallamiento, la bajada, la conversación con Vicente y que decido subir sin usar la cabeza (no brain), el cuerpo parece que se recupera un poco, que algo está mejorando, y por primera vez decido que al menos voy a correr una vuelta. Sigo  animándome, empieza la bajada, alcanzo a una chica, recupero un poco y alcanzo a Vicente. Y por fin empiezo a sentirme mejor (cansado y contrariado, pero no muerto).

Vamos a por esa T2. Dejo la bicicleta y con las primeras zancadas me doy cuenta de que la planta de los pies está tocada (lo había olvidado), pero allí está la familia: tal vez puedo terminar, no sé qué tal lo haré, pero debería intentarlo o me arrepentiré... Al poco de empezar me encuentro a Torito, con un cartel que no olvidaré nunca (y aquí lo dejo para siempre) con toda su familia jaleando como si no hubiera mañana. Vale, decidido: voy a terminar. Se me va Vicente, yo no puedo ir tan deprisa, me paro a hablar con Bego, le lloro un poquito para que me dé mimos (nenaza), pero le aseguro que voy a terminar. Más adelante, en el corazón de la carrera, más ánimos de la marea roja. Sigo fundido, pero por fin llega el agua fresca. Dos botellas: una para dentro, otra por encima, bajo, subo, bajo, vuelvo a subir y… click, el motor empieza a carburar, cuatro horas y media después de la salida, qué se le va a hacer, encendido lento. Ya no siento el calor, me quedan fuerzas en las piernas, ya soy yo, ya soy feliz. Vamos, vamos, vamos… 

Y así tres vueltas más, disfrutando de la animación, de las chicas de abajo que te hacían la ola, de mis compañeros, de Ángel que va y viene, de mi familia, de los saludos con mis compañeros de fatigas. Me recuperé al final, pero si no hubiera estado así de arropado, abandono. Hubiera sido la primera vez, pero afortunadamente no tocaba.

En resumen, un half para no olvidar: jamás había hecho mejor natación (42%) ni peor bicicleta (74%). Vigésimosexto en la carrera a pie y cuarto de mi grupo de edad constituyen un resultado fantástico. Y lo más importante: la lección aprendida con el neopreno y la satisfacción de haber mantenido el cuerpo de pie gracias a la cabeza.


Empieza la temporada 2016/17.

domingo, 10 de julio de 2016

Half Vitoria 2016

De Vitoria tenía hasta hace dos años un recuerdo fugaz, sin mucho caldo, de los de ni fu ni fa. Pero los dos triatlones que he terminado allí son de los que espero no olvidar nunca. El primero, por razones obvias: mi primer IM. El segundo, el medio IM, por todo lo vivido durante el pasado fin de semana, la intensidad de la prueba y, sobre todo, por el inesperado final.

Esta vez no quiero aburrir a nadie con detalles de mi carrera, ya que el patrón es el mismo de siempre. Nadé como siempre (un pelín mejor, quizá, que en ocasiones anteriores) y me esforcé en la bicicleta, así que corrí algo peor en comparación con otras pruebas. Como decía, no fue la prueba misma. Lo que creo que no olvidaré sino el final de la misma, que afortunadamente Esti grabó en un vídeo que seguro que veré unas cuantas veces más.

Antes de empezar, estaba "estadísticamente" convencido de que mi puesto sería el quinto o el sexto, así que había posibilidades no remotas de podio. Comencé fuerte con la bicicleta, pero poco a poco vi que no estaba bien de piernas, así que aguanté para no fastidiar la carrera a pie. Ya en Vitoria, aunque quería ir más deprisa y no dejé de adelantar triatletas todo el tiempo, esta vez no podía ir a buen ritmo (vaya por delante que fui el primero de mi grupo de edad), así que me contenté con no bajar la guardia. Pero llegado el  kilómetro diecinueve me pasó alguien que podía tener mi edad, así que me enganché a él, me fui animando y llegado el kilómetro 20 empecé a apretar por si acaso. Me animé de tal manera que pasé 8 ó 10 triatletas en el último kilómetro, si no más. Al final apreté con la sola idea de entrar yo solito en meta: que nadie me estropeara la foto. Pero lo bueno no había empezado aún.

La primera parte del inesperado final fue la banda sonora que acompañó mi entrada en meta. Cuando tenía 16 ó 17 años (muchos de mis chavales del club ni habrían nacido) descubrí a AC/DC y su "Highway to Hell" (sí, me lo han dicho muchas veces: no me pega). Todavía conservo el cassette. Cuántos kilómetros no habré corrido en mi vida oyendo las "Hell Bells", el "Back In Black", el "Thunderstrack"... Es la música de cuando era un crío, pero sigue siendo la música cuando quiero ir a tope. Algunos toman EPO y otros hacen drafting: yo escucho a AC/DC (entre otros muchos, claro 8-). Así que, la llegada a meta empieza mejor que bien.

Pero si la banda sonora de la llegada me puso el vello de punta porque ya era más de lo que me merecía, allí mismo, en el centro de la llegada, bajo el sol de julio y ya cerca de las 14:00, estaban un grupo de preciosidades, engalanadas de rojo Complutum, para dejar claro que Complutum Triatlón había viajado para conquistar Vitoria (y vaya si lo conseguimos, ocupando la portada de El Correo al día siguiente -catalizado todo una vez más por el IM épico de nuestro "pura élite" Rober, top ten absoluto-). Choqué feliz sus manos con una sonrisa de oreja a oreja, y por si había tenido poco, las guerreras se pasan al otro lado y más de lo mismo unos metros antes de entrar en meta.

Ya no necesitaba más: ya era totalmente feliz con lo vivido, viendo volar a mis compañeros, alucinando de cómo nadan, cómo van en bici, cómo corren. En resumen, cómo progresan unos y otros a base de su esfuerzo y los consejos y ánimos de los demás. Todo ello justificaba la enorme sonrisa con la que entré en meta, sin nadie que me robara protagonismo, satisfecho de también de mi esfuerzo, orgulloso de mi gente y de mi club. Sinceramente, sin más pretensiones. 


Nos fuimos al hotel, me duché para irnos a reponer fuerzas y poder seguir en directo a los compañeros que participaban en el IM. Cuando íbamos a salir miré la clasificación y no pudé evitar dar un grito de alegría. No me lo esperaba, no me lo podía creer. Era consciente de que podía haberlo hecho mejor, así que la probabilidad de hacer podio era... era... qué narices: tercer clasificado. Prácticamente cuatro tíos en el mismo minuto y yo era el primero de los cuatro: me lo merecía por no tirar la toalla al final, cuando es más fácil hacerlo, después de tantos meses de esfuerzo de mi familia.. Podría haber tirado la toalla y decidí apretar cuando en apariencia ya estaba todo el pescado vendido. Y lo conseguí: las sorpresas solo son sorpresa cuando no las esperas.

Feliz. Por fin fuera la espinita de Niza.

domingo, 5 de junio de 2016

Ironman Niza

La tarde antes de participar en el Ironman de Niza comentaba que estaba tranquilo porque estaba seguro de tenerlo todo bien atado. Pero no era así: no estaba todo atado. Como reza el refrán anglosajón, “the devil is in the detail”. Si no hubiera sido por ese “detail”, hoy no seguiría enfadado conmigo mismo (se me pasará 8-). Seguramente tendría Hawai a la misma distancia, pero todo habría salido según lo previsto. Estaría igual de orgulloso, pero no enfadado.

Niza Team
Pasado el vendaval, y aunque no he tenido tiempo de meditar mucho, la verdad es que me parece pretencioso hacer un primer Ironman con el objetivo de terminar y hacer el segundo con el objetivo de alcanzar el cielo. No es razonable: tengo cierta edad, no sé si tengo condiciones, pero seguro que no tengo suficiente experiencia. Por eso, como siempre, solo me queda aprender del error. Porque no tengo excusa para el error cometido. Os lo voy a contar, teniendo presente que la diferencia entre una explicación y una excusa es la intención, y mi única intención al contarlo es aprender de los errores, que no vuelvan a pasar.

4:00. Llega el día esperado durante los últimos meses. Tenso, pero poco nervioso. De hecho, he dormido muy bien. Desayuno y hago los últimos preparativos (pegatinas, protector solar, rellenar bidones, hacer sándwiches…).

5:00. Recepción. Taxis, fotos y los ocho (Andrés y familia, Guille, Noelia y Bego) para le Promenade des Anglais. Allí nos esperan Ángel y Raquel.

5:30. Entro al box. Retiro bolsa, dejo bidones y aparatos de medida, reviso frenos, ruedas, cambio… todo aparentemente bien. Me voy hacia la playa. Me pongo el neopreno y entrego la bolsa con la ropa de calle. A la salida...

Rolling start
6:00. Me meto al agua para empezar a calentar. Está menos fría que el día antes (también es verdad que me bañé sin neopreno 8-). Me dirijo a mi puesto estimado para “disfrutar” del rolling start. Entablo conversación con unos andaluces muy simpáticos.

6:30 y pico. Al agua. Le doy al botón. No hay mucho contar. Quería hacer 1:10 y me voy a 1:16. Era obvio que me adelantaba más gente que la que yo adelantaba. También era obvio que estaba haciendo más metros de los necesarios al eludir el contacto. Culpa mía y de nadie más. Isra e Iván hacen más que bien su trabajo, pero soy mal alumno y punto. No tengo más remedio que seguir buscando la mejora (y lo conseguiré, vaya si lo conseguiré). Sin excusas. No importa: hay margen.

7:45 y pico: T1. Nada especial que reseñar. Me subo a la bici, pero ya en los primeros metros noto que algo no va bien, aunque no acierto a saber qué. A los pocos kilómetros ya lo sé: el sillín está flojo. Lo cambié dos días antes y lo probé, pero lo debí probar poco. Menuda faena. Voy bien, pero empiezo a preocuparme porque aquello se mueve: lentamente empeora. Finalmente, en pocos kilómetros resulta casi imposible sentarse y pedalear: me voy hacia atrás. Las subidas las hago todas de pie. No puedo arreglarlo: todo estaba tan "tremendamente" bien atado que deseché llevar llaves para ahorrarme unos gramos. Pregunto a varios corredores y, como yo, opinan que debe haber algún tipo de ayuda mecánica en el col de l’Ecre. Setenta kilómetros y kilómetros y medio de desnivel sin posibilidad de sentarme en las subidas. Las vistas son magníficas, el recorrido es precioso (de verdad, sientes que participas en el Tour de Francia), pero es difícil disfrutar. Sé que voy a llegar arriba, pero ¿se me caerá el tornillo del sillín sin que me dé cuenta?

The day before...
10:45 aprox. Col de l’Ecre. Me dirijo a una árbitro y le pregunto si hay taller o alguien que me pueda prestar una llave Allen. Tengo el sillín colgando de la tija, sujeto en la mano. Me pregunta que desde dónde vengo así… en fin, desesperado. No tiene ni idea de dónde hay algo parecido a un taller, quizá más adelante, allí no. Afortunadamente un ciclista espectador me ve y me acerca la llave. Pero entonces cometo el segundo error: aprieto y aprieto sin fijarme en la posición del sillín. Doy las gracias y salgo pitando para arreglar lo que ya no tiene arreglo, pero pronto me empiezo a dar cuenta de que el sillín está mal nivelado (muy mal, peor imposible). Afortunadamente está fijo, pero radicalmente mal, así que cuando creía resuelto el problema, me entero de que solo me quedan otros 100 kilómetros de calvario.

Resignado me dedico a hacerlo lo mejor posible. Curiosamente, solo voy cómodo cuando subo y me pongo de pie. No hay mucho que rascar. Hasta tres caídas veo, que solo me sirven para resignarme: sería infinitamente peor estar en su sitio (mal de unos cuantos, consuelo de idiota). En las bajadas arriesgo lo que no arriesgo nunca, en las subidas me dedico a echar cuentas para ver si voy a bajar de once horas. Había presumido de que iba a hacerlo y aunque cualquiera lo va a entender, me niego, me da vergüenza. Es más: si no bajo de 10:50 me va a dar algo. Cuando bajamos la Condamine y desaparecen las cuestas, los cálculos son más sencillos y esperanzadores: con una T2 de tres o cuatro minutos, tengo unas 3 horas y 20 minutos para bajar de 11.

Sé que puedo.

14:30. T2 sin problemas. Estoy enfadado, muy enfadado conmigo, pero ya solo queda la rabieta final: aunque no me sirva ya para mucho y yo sea el único culpable de mi resultado, tengo que llevarme algo bueno de Niza. Si correr es lo único que hago bien, que quede por escrito para siempre. Y me lanzo a correr como si tuviera algo que ganar. Tal como me había prometido: sin excusas, por Bego, por mi.

Aunque quede mal decirlo, empiezo controlándome. Veo a nuestras chicas por primera vez y se me pasa por la cabeza acercarme para decirles que “no es el día, pero esto es territorio Manu: atentas”. Durante kilómetros pido paso a unos y otros, me salgo al carril bici, me salgo al carril de vuelta, el reloj no deja de marcar ritmos de película hasta para mi. Un corredor me grita “eso es correr, complutense”: más sonrisas por primera vez en muchas horas. Creo que paso la media en menos de 1:30. El ritmo decae lentamente (lo normal), pero sigue siendo bueno. Aguanto bien hasta el final de la tercera vuelta. Y nuestras cuatro chicas siguen ahí gritando como si fueran cuarenta o más. Ahí ya voy más despacio, pero aquello es “The Walking Dead”: todos van más despacio, mucha gente empieza a andar ya. Me doy cuenta de que en 41 kilómetros solo me ha pasado un triatleta. Llegando me pasa otro. Ya no sé si pararme a darle un beso a las cuatro chicas, pero prometí no dejar de soñar hasta la última zancada y por eso sigo corriendo hasta el último centímetro antes de convertirme en finisher.

Segundo Ironman terminado: rabia y orgullo a partes iguales. Fin de la historia.

The day after...
Ya lo dije antes: “el diablo está en los detalles”. Durante meses has madrugado lo que no está escrito, has robado horas al descanso, has pedaleado y corrido hasta la extenuación en pos de un sueño. Y no solo eso: tu mujer se ha esforzado como tú y te ha regalado muchísimas horas de su tiempo para poner tu sueño más cerca. Pero no ha podido ser. El objetivo era bajar de 10:30, no otro (lo de Hawai entraba, basta mirar el nivel que hay, en el terreno del azar). El deporte es así. La vida, en realidad, es así. No hay ningún drama en todo ello. Al contrario, me considero muy afortunado por los grandes ratos que he pasado junto a esos titanes que son mis compañeros de entrenamiento y estoy más que orgulloso de mi mujer y de mí mismo, feliz de tener los compañeros que tengo (los que han ido a Hawai, los que van a ir y los que ni lo sueñan, pero lo merecen igual) y deseoso de seguir soñando muchos años más.