domingo, 22 de junio de 2014

Astromad 2014

Quiso la casualidad de que el Astromad 2014 se celebrara a falta de tres semanas para enfrentarme al objetivo del año (deportivamente hablando, podría decir que de mi vida). Así que, después de perder interés por el Ecotrimad este año, una prueba a tres semanas parecía la mejor forma posible de medir tus fuerzas y, saliendo bien, coger confianza. Otro aliciente es que no iba a ir solo, sino acompañado de diez compañeros en la prueba y unos cuantos más animando durante toda la prueba (cómo se agradece).

Mi planteamiento desde la salida era conseguir sensaciones positivas, ir relativamente sobrado todo el tiempo, no darlo todo, para terminar con la confianza de que podría seguir. No sé si es el planteamiento más acertado, pero eso hice. No salí plenamente contento, pero después de casi una semana molido por una infección respiratoria, creo que voy disfrutar en Vitoria y espero no tener mayores problemas en convertirme en finisher. Que te lo diga todo el mundo es bonito, pero uno tiene que creérselo.

La natación mal, como siempre. Es más, volví a tener esa desagradable sensación de angustia durante los primeros centenares de metros. Contribuyó a ello que no nos dejaran calentar. No me había pasado en Elche, pero allí pudimos calentar. Lo positivo es que bracee unos metros y la cabeza venció a la cabeza. Y también es positivo el hecho de que saliera en una posición relativa mucho más avanzada que en Elche. Después del clinic, hay elementos de la brazada y la patada que me gustaría mejorar, pero ya es tarde. Lo dejo para el año que viene.

La bicicleta daba un poco de miedo a priori, por aquello de que había un tramo de carril bici. Pronto vimos que tampoco era tan grave. La cosa me salió bien. Salí escopetado (error) y en cada vuelta fui perdiendo algo de fuelle (en parte porque decidí relajar un poco: acierto). Pero el caso es que llegué bastante entero a la carrera a pie. Una media de más de 34 km/h. siempre es gratificante, pero lo mejor es bajarte de la bici con ganas de correr. Como dice Carlos, empiezas a sentir confianza en terminar el IM cuando haces 90 km (80 en realidad) y no te parece nada del otro mundo.

Lo único malo eran las molestias en las lumbares de ir acoplado la mayor parte del tiempo. Ya veremos qué dice la espalda cuando la distancia sea el doble.

Y la carrera a pie, pues muy positiva. Qué narices: genial. Mantuve un buen ritmo (aproximadamente 4:20) y constante. Afortunadamente Guille me había sacado tanta distancia que no tenía "necesidad" de apretar para cogerle porque no le iba a coger. Y a Juanjo ni en sueños. Llegue con ganas de beberme un barril de algo, pero lo positivo es que hubiera podido seguir a ese ritmo unos cuantos kilómetros más. Lo que buscaba, vaya.

Si nos vamos a las cifras, chapó. Natación del montón, pero no atrás del todo, bicicleta de la mitad para adelante y carrera a pie... entre los veinte primeros. La posición relativa, algo mejor que la de Elche. Y respecto a las diferentes clasificaciones, nada que hacer en mi categoría de veterano 1, pero con un año más hubiera quedado cuarto, a 40 segundos del tercero. Y en mi grupo de edad, donde he sido quinto, al año que viene sería segundo. Me gusta la perspectiva...

domingo, 11 de mayo de 2014

VIII Media Maratón de Azuqueca

Hay días que pintan bien y terminan mal... y viceversa. Hoy ha sido de los de viceversa. Llevaba tres días con mucha carga de entrenamiento. Ayer sábado, de hecho, hicimos 155 kilómetros y a una media de 30 km/h. Y hoy tocaba media maratón (Azuqueca de Henares), pero como 21 km. son poco, había decidido precederlos de unas cuantas de decenas de kilómetros de bicicleta. Ya lo habíamos hecho en la media de Alcalá de Henares en marzo, pero como mi poder de convocatoria es nulo, a las 8:00 de la mañana empezaba a pedalear yo solo Patata arriba Patata abajo.

Con Vicente y Hernando
Después de 47 km. de rodaje suave (28 km/h.) hago la T2 en el coche y me voy a por el dorsal, que ha recogido mi cuñado. Hete aquí que me lo encuentro acompañado de Hernando, que lesionado y todo comienza con su preparación de tres semanas (sí, semanas, no meses) para el maratón de Estocolmo. Nos falta un par de tornillos, eso seguro. Más tarde comprobaré que también Pablo Jiménez ha podido conseguir dorsal y está en carrera. Como era de esperar, muchas caras conocidas, sobre todo del Alcalá Maratón. Charlo un ratito con Javi, el hermano de Rober.

Antes de salir, me doy cuenta de que los cuádriceps están bastante cargados (qué extraño 8-), pero tengo buenas sensaciones, así que saldré con calma y a ver qué dicen las piernas. Afortunadamente está un poco nublado, así que aunque hace calor y la temperatura va a seguir subiendo, no parece que vaya a ser un calor serio. Tengo previsto encontrar a mi hermana y soltarle el móvil y las llaves del coche en breve, así que los llevo en la mano. Error. También llevo los dos geles de rigor.

Salida y meta se encuentran en la pista de atletismo del polideportivo San Miguel. Me dicen que no hay ropero y me cuesta creerlo, pero debe ser verdad. Tras un minuto de silencio por los niños de Monterrubio de la Serena y por Yago Lamela, se da la salida. La primera vuelta incluye una vueltecita a la pista de atletismo. El recorrido se desarrolla por calles amplias, de forma que se va y se vuelve por las mismas calles, lo que hace que constantemente te cruces con el resto de corredores, tengas referencias y, sobre todo, muchos ánimos. Avituallamiento no falta: dos en cada vuelta, seis en total. Apenas hay pendientes, son mínimas, lo que permite un ritmo muy constante. Eso sí, del móvil y las llaves no me libro, porque mi hermana no aparece ¿Pero dónde está esta mujer?

Paso los 10 km. en 40 minutos clavados. Somos pocos, ni 300 creo, así que las posiciones se mantienen muy estables, estirándose poquito a poco la carrera. Tampoco hay mucha animación, como era de esperar, pero no la echo en falta. Primero porque a 4 min/km. voy relativamente cómodo: me pesan un poco las piernas, pero no es exagerado. Pero lo mejor son los ánimos constantes de los compañeros, en particular Hernando y Javi, pero también de Miguel Ángel Izquierdo (SR2) y algunos conocidos del Alcalá Maratón. Siempre una sonrisa y unas palabras de ánimo. Y por fin, acabando la segunda vuelta, aparece mi hermana... jolines, ya era hora. Le suelto el móvil y las llaves; también está la familia de mi cuñado dando gritos de ánimo, así que marcho contento a por la tercera vuelta, a doblar gente, a tomarme el segundo gel y a intentar no bajar el ritmo durante los 7 km. finales.

Y lo consigo, porque el ritmo final es 4:02, solo unos segundos más que en la media de Alcalá. Y allí Rober y Vicente tiraban de mi, aquí no tiraba nadie. He ido prácticamente solo durante 21 km. y con más calor, y quizá más cansancio acumulado. Recordando tiempos pasados, me acerco a ver cuánto me he acercado al podio: no está mal, sexto de mi categoría; pero es lo de menos, todo suma y con días así uno gana confianza para el día D.

sábado, 26 de abril de 2014

X Medio Ironman de Elche

Cada vez queda menos tiempo para el Ironman de Vitoria. Cada vez tengo más dudas. Mi mayor consuelo es pensar que el 13 de julio, a medida que pasen las horas, estaré cada vez más cansado y, sin embargo, estaré cada vez más convencido de que voy a llegar. A un escala más humana, exactamente la mitad matemáticamente hablando, eso lo que me ha sentido este fin de semana en el triatlón de Elche. De forma resumida: mal la natación, mucho mejor la bicicleta y feliz en la carrera a pie. Lo de siempre, vaya. Pero un poquito mejor...

Pudimos recoger dorsal y dejar la bici en boxes el viernes, así que la mañana empezó tranquila. Pude dormir un ratito más y, como ya conocíamos el sitio, acercarnos con calma, no como el año anterior. Eso no sirvió para que cometiera dos errores. El primero, no echarme protector solar (el hombre es el único animal que tropieza en la misma piedra las veces que haga falta). El segundo, no verificar (y funcionaba el día antes, seguro), que no tenía ni medidor de cadencia ni de velocidad ni nada (los tenía, pero como si no los tuviera). Tampoco lleva reloj. Fui a ciegas toda la carrera.

Con menos nervios de los esperados, seguramente gracias a la compañía de Carlos, y bastantes minutos de retraso nos metemos al agua. Han cambiado el recorrido, lo cual no me importa, pero el viento levanta olas, y eso me hace menos gracia. Durante la mayor parte del recorrido no tengo la sensación de desviarme demasiado y voy rodeado de gente todo el tiempo. Me anima incluso ver que alcanzamos gorros amarillos del grupo de edad que ha salido antes. Por cierto, la idea de dar gorros amarillos cuando las boyas son amarillas no es brillante. De verdad: confunden. En el tramo central me limito a seguir a la masa porque solo sé que tengo que ir hacia África, no veo otra referencia. Al girar en la tercera boya la cosa cambia: tienes el arco de llegada como referencia. Eso sí, las olas son un asco y al menos trago agua cuatro veces. Aún así, salgo tranquilo, pensando que lo he hecho bien. Aunque el que lo ha hecho bien es Rober, que no ha necesitado ni subirse a la bici para pasarme.

La T1 es larguísima, qué se le va a hacer. Al menos se hace corriendo. No sé cómo, pero consigo tirar la bici de al lado (la recojo, por supuesto). Paso el banderín y me alejo bastante para subirme cómodamente porque el apelotonamiento de triatletas es considerable. Empezamos a subir y a los pocos metros empieza el viento a fastidiar. Y no va a dejar de fastidiar en toda la carrera. Por supuesto, me pasan más que paso, pero noto que voy bien. No sé a qué velocidad ni en qué kilómetro estoy, pero voy bien. Es la primera vez que se me hace patente que ir acoplado es una ventaja enorme a la hora de luchar contra el viento. También es la primera vez que, en alguna bajada y en el tramo de viento a favor, casi se me acaban los piñones. Además, esta vez no vuelvo a cometer el error: como, bebo, como, bebo...

La subida a Alenda supongo que es una broma. A mi me parece que no es ni la mitad del Gurugú. La dificultad está en pelear contra el viento. La sensaciones son tremendamente positivas: no sé si voy deprisa o no, pero no llego al final de los tramos contra el viento fundido. Tampoco me duelen las lumbares, como el año pasado. A lo mejor voy más despacio este año. Pero después comprobaré que no: estoy justo en la mitad de los corredores. La media, de hecho, es 31,5 km/h. Que el año pasado no debió llegar a 29 km/h. Pero lo mejor de todo es que no termino pidiendo la hora, que la distancia de 90 km. ya no me parece un mundo. Justo antes de empezar la bajada a la playa, me encuentro a mi pequeña animando... subidón.

Tras una T2 del montón, empiezón el runrún de la carrera a pie. Las dos primeras vueltas son iguales y tienen las malditas escaleras y los no menos malditos tramos de playa. En la primera vuelta me limito a dejarme llevar. Al comienzo de la segunda me tomo el primer gel y empiezo a sentirme mejor. Me doy cuenta de que no estoy yendo al ritmo que podría ir. Me he puesto en modo drafting porque es muy cómodo. Paso mucho triatleta, pero porque se van viniendo abajo. Es al final de la segundas escaleras cuando me tomo el segundo y pongo la cabeza en modo "a por": si el de delante es PEPE, me digo "A por Pepe"; si es JORDI, me repito "A por Jordi"; y así, seis kilómetros de sprint. Es el gel con mejor relación ritmo/precio que me tomado en mi vida. En la recta final no me cuesta nada superar a unos cuantos. Y allí está Ximo para darte el mítico abrazo.

Después vendría un agradable rato esperando a los compañeros del club que quedaban por llegar. A lo que seguiría otro buen rato más recuperando fuerzas a base de paella, bebida y plátanos, a la espera de poder finalmente celebrar el (una vez más) formidable primer puesto de Rober en el grupo de edad de 40-44. 

El resumen es que este año lo he hecho mejor: posición relativa del 45% en 2013 y 27% en 2014. Seguramente, si hubiera corrido con más cabeza tras la primera vuelta, el resultado hubiera sido mejor. Me quedo, no obstante, con un detalle banal, pero muy grato para mi: haber conseguido ser tercero del club (vale: gracias a las circunstancias de una prueba tan dura, que esta vez me sonrieron a mi) y poner mi nombre en la clasificación por equipos a lado del de Rober y Polo nada menos. Y también con una pequeña ilusión: repitiendo tiempo al año que viene, sería cuarto de mi grupo de edad, muy cerquita del tercero, muy cerquita del podio...

domingo, 16 de marzo de 2014

Cicloturista Bilbao-Bilbao

Uno de mis objetivos al comienzo de esta temporada era hacer una prueba de solo ciclismo y una prueba de solo natación. El primero de dichos objetivos lo cumplí el pasado 16 de marzo participando en la cicloturista Bilbao-Bilbao. El siguiente espero cumplirlo más adelante.

Carlos, yo y Marcos
La experiencia ha valido la pena. Según me han dicho, otras pruebas cicloturistas son mucho más competitivas. En esta, sin embargo, vas acompañado en todo momento de corredores de todo nivel, región y condición, de todas las edades, con todo tipo de bicicletas. Es, sin duda, una prueba auténticamente popular. Y para empezar es mucho más recomendable.

Por supuesto, ello no quiere decir que sea un paseo. Al fin y al cabo son 117 kilómetros con sus puertos, que no son asequibles para cualquiera, pero sí lo son para gente razonablemente asidua a la bicicleta, con ganas de esforzarse un poco y pasar una buena mañana. Allí que nos fuimos, Carlos, Marcos y servidor.

Las salidas son escalonadas y decidimos salir en la primera. Salgo de casa de mis cuñados y mi sobrino desde Santutxu. El Bilbao que me encuentro es precioso: limpio, moderno, encantador... hay demasiado borrachuzo suelto, pero esto es España y es domingo.

No tomamos la salida propiamente oficial para evitar posibles accidentes: guiados por los amigos de Marcos nos incorporamos a la riada de ciclistas un poco más adelante, haciendo en sentido inverso el recorrido de la carrera Las Arenas-Bilbao que tantas veces he hecho en sentido contrario. Vamos juntos aproximadamente los primeros 15 kilómetros. Luego dejamos de vernos. Probablemente yo he entrenado más que mis compañeros y pronto las piernas me piden ir más ligero.

Subida a Morga
La prueba consta de varias subidas, de las cuales la última es la más fuerte: la subida al Morga, hacia el kilómetro 90. Pero es cómoda hasta la mitad de la carrera, porque el ritmo va controlado (creo que se dice carrera neutralizada, o algo así). No tiene mucho sentido ir más deprisa para apelotonarse ahí delante. Además, hace un día precioso, rodeado de paisajes verdes, como no podía ser de otra forma.

Casi sin notarlo llegamos al Parque Tecnológico de Zamudio, donde nos aprovisonamos de una deliciosa barrita de Huesitos, agua, refrescos y algunas galletas (yo hubiera preferido algo más de la tierra, pero en fin). Lo que sí sucede es que, a partir de aquí se abre la veda y ya vale cualquier ritmo. Como no hay nada que ganar ni perder, no me preocupo demasiado (nada, realmente) del ritmo, y voy cómodo, sin prisa, pero sin pausa.

Cuando empezamos a subir el Morga, me siento tan fuerte que sigo un buen rato con el plato grande. Al fin y al cabo he ido reservándome casi sin pretenderlo. No dejo de pasar corredores sin hacer nada especial. El descanso de los últimos días está jugando a mi favor. Incluso llamo a mi mujer para avisarle de que llego bastante antes de lo previsto. En lo alto del puerto, mucha gente animando. El día sigue siendo precioso. Bajo alegre, pero como de costumbre, me pasan unos cuantos corredores y yo no paso nadie. Incluso un salvaje me hace un "interior". En fin...

Terminada la bajada propiamente dicha, llega la galopada hasta Bilbao. Me pego a una grupeta que va por encima de 35 km/h. Empiezo a reconocer muchos de los lugares por los que entrábamos a Bilbao hace años y me entra un alegría especial cuando paso por el Parque de Txurdinaga. Con los cientos de kilómetros que habré hecho en él, nunca lo había visto desde una bicicleta.

Subimos a Begoña, ya todo mes es familiar, giramos y enfilamos hacia la llegada, donde a pesar de no jugarte nada no queda más remedio que entrar a saco. Allí está mi familia, en un día espléndido, en un ciudad preciosa y con una sensaciones inmejorables.

Así que solo quedan ganas de repetir.

lunes, 24 de febrero de 2014

Maratón de Sevilla

No hay duda de que Sevilla me trata bien. Me fue muy bien en el año 2000 y me ha ido muy bien en 2014. Pero han transcurrido 14 años y lógicamente han cambiado muchas cosas. Voy a hacer un repaso muy personal, basado en los recuerdos que guardo de aquel maratón que corrí un 28 de febrero de 2000 y las impresiones del que corrí ayer mismo.

Cartel del año 2000
La organización ha mejorado notablemente. La verdad es que, aunque vayamos detrás de otros países más modernos en casi todo (estoy pensando en la NYCM), es mejor ir detrás que no ir. La recogida de dorsales, la información al corredor, los cajones de salida, los avituallamientos, la señalización en carrera, etc. Todo está a la altura de los 9000 usuarios (sí, usuarios, pagamos para recibir algo a cambio, no somos colegas ni amiguetes). No quiero decir que en 2000 todo era peor (cuando llegué, muerto, recuerdo con agradecimiento que los voluntarios se lanzaron a ofrecerme ayuda), pero cuando triplicas o cuadruplicas el número de participantes tienes que cambiar cosas. Y creo que lo han hecho. No me gusta el avituallamiento en vasos, pero es más ecológico, eso es cierto. También creo que deberían ofrecer avituallamiento sólido, pero siempre me lo he llevado de casa; o sea, que sin problemas.

Más triste me parece la decadencia del Estadio Olímpico. En 2000 el suelo de la pista era un lujazo: no hacía demasiado que se había celebrado un campeonato mundial de atletismo. De aquella pista inolvidable solo queda un suelo cochambroso y triste, con más calvas que cubierta, que da pena mirar. Eso sí, los campos de fútbol los mimamos, pero los de atletismo se mueren y desaparecen. En 2000 me pude duchar en las mismas duchas de la élite, en unas instalaciones de lujo. Ahora te toca ducharte en el hotel o en casa.

La animación es de lo que más ha mejorado. Ya en la salida hemos aprendido la importancia de calentar el ambiente con música. Salir con el Highway To Hell es fácil y no tiene precio (la SGAE no estará de acuerdo, claro). Por eso nos han enseñado (supongo que los americanos) la importancia de añadir animación durante la carrera. No puedo evitar comparar con la maratón de NY, pero seré agradecido: los grupos que amenizaban la carrera lo hacían razonablemente bien. Me gustó especialmente el coro de chavalas interpretando AC/DC con acento andaluz. 

Con la capa de Supermán
Lógicamente, con el triple o cuádruple de corredores, se multiplica aún más la animación de gente en carrera y en el Estadio. La soledad inmensa en la Isla de la Cartuja el año 2000 es difícil de olvidar: en el desierto se debe pasar parecido. Pero ya no es así. Hay zonas más animadas que otras, pero hay homogeneidad y siempre hay alguien que te recuerda que no te has salido del recorrido (me resulta inevitable comparar con el maratón de NY, pero es que es de otro planeta).

Y respecto al resultado personal, si inolvidable es el del año 2000 por conseguir la que era y será siempre mi marca personal, el de ayer me produjo una satisfacción inmensa. Lo considero un logro personal. Son casi 12 minutos de diferencia más lento (2h45 y 2h57), pero también son 14 años los que han pasado (no llega a un minuto por año 8-). En ambos casos he entrenado menos de lo razonable. En el año 2000 apenas encontraba tiempo para entrenar, así que me planté en Sevilla sin llegar a los 80 km. semanales en la semana de mayor carga. Ahora dedico más tiempo a entrenar, pero sobre todo la natación y la bicicleta, así que no he llegado ni a 60 km. Es por eso que tengo más agujetas de las habituales, que hacía tiempo que no bajaba escaleras como Chiquito de la Calzada.

Ritmo de Carrera en el Maratón de Sevilla de 2000
Pero la mayor diferencia que encuentro entre ambas carreras es el ritmo: en 2000 el agotamiento era progresivo, cada vez más lento: pasé la media maratón en 1:19 y el ritmo fue cayendo poco a poco hasta acumular 6 minutos más; ayer empecé algo rápido, pero me mantuve en un ritmo de 4:10 (8:20, recomiendo medir cada dos km.) casi toda la carrera para terminar cayendo a 4:20 en los últimos kilómetros, solo un par de minutos más en la segunda media. Curioso. Y gratificante.

Una última comparación entre aquella maratón y la de ayer: cuando llegué en 2000 no me tenía en pie, lo había dado todo, tardé horas en normalizarme. El premio fue la marca de mi vida. Ayer no salí con esa idea, pero también acabé dándolo todo, de verdad que las piernas me pesaban lo indecible desde el km. 38, pero había corrido con una sonrisa de principio a fin y no sé si después de 11 maratones he terminado alguna tan entero y satisfecho. Quizá el Galarleiz...

viernes, 14 de febrero de 2014

Sin excusas

Según el Diccionario de la Real Academia de la Lengua, una excusa es el motivo o pretexto que se invoca para eludir una obligación o disculpar una omisiónNo es exactamente el uso común que le damos los deportistas (aficionados): el motivo o pretexto que se invoca para explicar un resultado deportivo peor que el esperado.

Seamos sinceros: quien más y quien menos tira de excusas. Lo que sí diferencia a unos deportistas de otros es que unos las usan en ocasiones y otros ocasionalmente no las usan. 

He decidido no buscar excusas más, ni siquiera esporádicas.

¿A qué viene esto? Pues es sencillo: cada vez entreno más y cada vez voy más despacio. En todo. Es evidente. Y como no me quiere entrar en la cabeza, me paso el día buscando las causas. Y aburro a todo el mundo. Tanto que ya me he aburrido a mí mismo. Y encima me frustro. Por eso ya no voy a buscar excusas. Decidido.

Esta decisión viene motivada, en buena medida, por el libro que estoy leyendo: "Lo que de verdad importa", de la fundación del mismo nombre. Un compendio de artículos sobre gente ejemplar, con problemas de los de verdad, que nos enseñan que se es más feliz asumiendo tu situación y luchando para mejorarla.

¿A qué viene quejarse porque no bajas de 1:25 en una media maratón cuando hay gente que no tiene el privilegio ni de poder correr? Casi se me cae la cara de vergüenza cuando leí el relato de Albert Espinosa (el de Pulseras rojas) y cuenta que a los 12 años le tuvieron que amputar la pierna a causa del cáncer. Un niño. Sin piernas. Y así uno tras otro ejemplo. Como el de Kyle Maynard, que nació sin brazos y sin piernas, y tiene más actividad que el 90% de la gente que conozco. Y yo fastidiado porque no avanzo en natación tanto como me gustaría...

Muy importante: el libro no te dice que les compadezcas y tampoco te dice que te resignes a nada; al contrario, te recomienda una y otra vez que pelees como ellos, pero sin perder de vista qué es lo que realmente importa: ¿importa de verdad bajar de 1:25 a un tío de 48 años? No, es evidente que no. La lista de cosas que realmente me importa la tengo bastante clara. Ahora solo me falta asimilarlo de verdad.

Ayer hice el test de Serrano de cara a la maratón de Sevilla. El resultado fue el esperado: me puedo olvidar de bajar de las 3 horas. De hecho, la recomendación del test es ir a por las 3 horas y 10 minutos. Y a por ellos voy. No pienso echarle la culpa al trabajo, ni a la edad, ni a las rodillas ni a nada ni a nadie. Lo importante es que sigo corriendo (y ahora recuerdo que hace años ponía en duda poder volver a correr maratones) y que voy a hacerlo rodeado de mi familia y de varios compañeros y amigos.

Ah, y por supuesto, si está en mis piernas, no me conformaré con 3 horas y 10 minutos. Pero sea cual sea el resultado, no buscaré excusas.

domingo, 26 de enero de 2014

Media Maratón de Getafe 2014

Preciosa mañana para correr y batir marcas la de hoy. Además de los cinco compañeros del club, un montón de conocidos: del Alcalá Maratón, de los de las 8:30, de Maratid, un antiguo vecino de cuando era joven, incluso algún compañero (inesperado) del trabajo. Claro que, tampoco es raro cuando corren cuatro mil quinientas almas. En la foto, de derecha a izquierda, Julio, Dani, José, Borja y servidor.

Complutum Triatlón (con Dani Molina) en la media de Getafe 2014
No me ha gustado nada esta carrera, pero tampoco esperaba que me gustara, así que no tengo nada que objetar. El precio sigue siendo correcto, para lo que cobran por ahí. Y todo está razonablemente bien organizado. Me ha gustado la bolsa: comida, bebida y una camisetita de recuerdo. Vamos, que nada que objetar a la carrera misma, solo que no soporto las carreras tan masificadas.

Como no iba con grandes pretensiones, me he situado mal y no he podido correr cómodo hasta el kilómetro 14: sí, el kilómetro 14, cuando quedaban 7 para llegar ¿culpa mía? seguramente. Pero tengo la impresión de que estar mucho más adelante hubiera sido parecido. Demasiada gente corriendo y punto. Y muy poca animando (esto es typical spanish), y del recorrido qué decir... feo, feo.

Lo mejor del día de hoy ha sido darme cuenta de que o meto algo más de fondo en los entrenamientos o en la maratón de Sevilla me va a entrar la risa hacia el km. 28. Pensaba ir a 4:00 y finalmente he ido a 4:05, pero no me he dejado casi nada. Tampoco me preocupa mucho el tiempo que vaya a hacer en Sevilla, pero lo que no quiero es reptar los últimos 10 kilómetros. Así que, a aplicarse.

Como anécdota, haré mención al imbécil que en el kilómetro 14 coge su botellita de agua y, yendo por el lado izquierdo del pelotón, solo se le ocurre arrojarla al lado derecho, cruzando la botella por delante de las narices de varios corredores, entre los que me encontraba. El día que pidan un IQ de 70, más de uno no corre.